sábado, 3 de julio de 2021

Odio, resentimiento y crueldad mojones fundamentales del mensaje de Cristo

Odio, resentimiento y crueldad mojones fundamentales de la doctrina  de Cristo

Para mí Jesús y Cristo son lo mismo: ambos son mitos y no me importa en absoluto eso de que si este existió o no como un sujeto real en la historia. Del único que sabemos un poco es del Jesús teológico o sea el Cristo del que hablan los Evangelios. Así de que si existió el verdadero Jesús histórico de él lo que sabemos es demasiado ínfimo como para ponerse uno a presumir de tal conocimiento, inclusive hay muchas tesis, libros y artículos que pretenden demostrar que el Jesús histórico no existió; pero ese no es el tema que quiero abordar sólo digo esto como una especie de aclaración, ya que aquí en vez de hablar de Jesús hablo de Cristo, que es lo mismo.


Las ideas morales de Cristo —aunque para nada virtuosas, novedosas o revolucionarias si se las compara con las de Buda o las de Sócrates— resultan ser, si uno presta atención al espacio y al tiempo dónde llevó acabo su misión profética, revolucionarias.


https://www.xn--irrupcinfilosfica-mybg.com/2021/07/odio-resentimiento-y-crueldad-mojones-doctrina-cristo.html Cristo si existió realmente fue un genio de la moral. Y los genios no nacen todos los días; y éstos pueden ser buenos o malos. Y fue más precisamente un genio como ya lo dije en el terreno moral. De igual modo nacen muchos genios en los campos de la filosofía, de la ciencia o la literatura. Nietzsche aunque siempre tuvo algún grado de admiración por él, lo consideró como la máxima antítesis del verdadero héroe: su empecinado amor por la plebe, por lo indigno y lo vil lo colocan en la escala más privilegiada de la decadencia.


Las máximas morales que Cristo difundió, predicó y enseñó a sus amigos y enemigos tal vez sea lo más rescatable que realizó durante su estadía como naturaleza compleja en este mundo. En cierto modo enseñó lo siguiente: que siempre se debe poner en práctica la tolerancia con nuestros semejantes, que es más sabio ser un ente de paz que de guerra, de lo importante que es ayudar a los pobres y necesitados y a perdonar a nuestros enemigos.


Pero si uno analiza crítica y objetivamente dichas reglas en su conjunto se advierte con relativa facilidad que aquellas en el fondo no son tan positivas como se nos ha hecho creer durante tantos siglos; la razón es simple: se debe actuar de esa forma para evitar ir al infierno.


La idea del infierno constituyó—aún sigue teniendo vigencia en las mentes de los seres humanos de países absolutamente en vías de desarrollo— uno de los terrores más grandes para la humanidad hace ya unos cuantos siglos. La doctrina del infierno es una de las peores enseñanzas que un maestro religioso haya podido inventar; el infierno lo inventó Cristo, sólo una persona con un pensamiento sumamente retorcido y pervertido superlativamente puede concebir, sistematizar y enseñar semejante doctrina de crueldad.


A pesar de los evidentes defectos de las doctrinas de Cristo, su mensaje aún sigue resonando en nuestros días; su liderazgo y personalidad impactó tanto en sus discípulos que aquellos fueron incapaces como muchos hoy día de ver lo problemático que resultaría encarnar las principales máximas suyas, en vez de tomarlas con un espíritu crítico, se las tomó de manera romántica viendo en ellas mayor bondad y dignidad de lo que en realidad poseen.


Toda figura histórica sea ésta religiosa, política o científica es, después —o en vida— de unos cuantos siglos, fetichizada. Como consecuencia del idealismo y fanatismo de sus seguidores y discípulos éstas figuras se ven completamente desfiguradas y es imposible tener una noción más o menos objetiva acerca de sus vidas históricas.


Debido a la seducción que provocan en sus seguidores aquellos se lanzan con fervor y pasión desbordadas a esparcir sus ideas, pero aquellos como están desconectados de la realidad fetichizan a sus maestros y, como las ideas que prolifera un individuo o un colectivo fetichista son en definitiva patológicas, se constituyen en un obstáculo pernicioso para obtener una panorámica más fidedigna, adecuada y razonable de dicha figura.


Todo discípulo como no es capaz de tener una visión objetiva acerca de su maestro considera hasta sus peores defectos como virtudes superlativas.


El mensaje de Cristo fue un mensaje de odio, de resentimiento, de envidia y en definitiva de decadencia. Él fue un sujeto con una voluntad de poder mal direccionada y como consecuencia causó más mal que bien. La predicación de Cristo si hubiera estado libre de los dogmas y de las máximas gratuitas que caracterizan a los predicadores ordinarios hubiera representado un grande avance para la humanidad.