lunes, 14 de diciembre de 2020

Bukele y la nueva oligarquía aburguesada

Imagen de Hebi B. en Pixabay 

📌 En este artículo se analizará lo siguiente:

1.Bukele: ¿enemigo de quién?

2.La idea de cambio

3.¿A quién representa?

4.El marxismo, ¿la única alternativa?

5.¿Enemigo de la burguesía salvadoreña?

6.El objetivo de Bukele


Bukele: ¿enemigo de quién?


Muchas cosas en el terreno político de El Salvador se me presentan, en este momento, en gran medida muy oscuras, no obstante hay algo que tengo bastante claro como el resplandor de un medio día: Nayib Bukele es, ante todo, un enemigo de la izquierda salvadoreña y de toda forma de pensamiento revolucionario o de naturaleza progresista. No lo ocultaré: mientras escribo estas líneas, indignado en un grado que roza casi  lo insano por lo que ocurre en el mundo político de nuestro país, se me viene un torbellino de ideas sin coherencia, sentido y unidad; trataré, en todo caso, de encontrar la forma de decir algo útil. 


Pues bien, cuando finalmente, después de mucho tiempo de ser oposición política, el FMLN llegó por la vía democrática a controlar el órgano ejecutivo, gracias a la potente campaña política montada con pretensiones puramente ganadoras, y se posicionó como ente hegemónico en el campo político salvadoreño, muchos, —los mismos que hoy celebran la defunción de ARENA y el FMLN—, celebraron con toda clase de vítores la muerte de ARENA y su posterior sepultura que, a las alturas del 2020 aún sigue pendiente.


La alegría fue inmensa, no era para menos, después de tanto tiempo, al fin, se presagiaba una tenue luz en el horizonte dominado hasta ese entonces ampliamente por la más apabullante angustia y desesperación, fue precisamente la idea de “cambio” la que motivó a toda aquella masa menesterosa y eufórica a optar por un partido de izquierda para que, gracias a su praxis revolucionaria, brindara una posible solución a la mayoría de  los problemas más graves que, con los presidentes de derecha, solo se acrecentaron; lo que se celebraba era la victoria definitiva del pueblo –la misma que hoy se celebra—, el supuesto.


Y no era para menos la gente se sentía parte de ese cambio político e ideológico, las expectativas eran extremadamente altas y las exigencias no menguaban en su estatura. Lo que se esperaba era básicamente un cambio verdadero, el cese por lo menos del nepotismo o amiguismo, la rendición de cuentas de los funcionarios; en fin: políticas que estuvieran libres de la siempre operante práctica de corrupción y encaminadas a aumentar la vida subjetiva y objetiva y no sólo la vida subjetiva, sino la vida digna de toda la población en todas sus dimensiones.

 

La idea de cambio

 

Bukele y la nueva Burguesía por Victor Salmeron

Con Mauricio Funes a la cabeza del ejecutivo, a pesar de ciertos logros políticos innegables esta noble ilusión, que se formó debido a las múltiples promesas que realizó en campaña, se vio relativamente trastocada, esa ilusión de un cambio verdadero parecía ser, después de todo, más remota de lo que se conjeturó al principio. Sin embargo, la ilusión era tan grande como la misericordia de Cristo que, a pesar de las irregularidades y señalamientos de posible corrupción en su gobierno, permaneció intacta, como la de un amante verdadero. En poco tiempo era imposible llevar a cabo una transformación total, se decía. Precisamente esa ilusión de llegar a concretar y objetivar ese cambio tan anhelado por todos fue lo que le posibilitó a Sánchez Cerén lograr convertirse en presidente. Al final de su mandato, se concluyó — y esto debido en gran medida a la caricaturización que el actual presidente hizo de su desempeño como mandatario— que ese cambio mediante una política izquierdista era una mera quimera; una ilusión que, con ese partido desorientado, no se lograría materializar. Bukele, gracias a su astucia para vender sus ideas a los ilusos e incautos, devolvió dicha ilusión a una masa deprimida y renuente a creer en alguien o algo.

 

¿A quién representa?

 

Después de haber observado su polémica con el partido y su posterior desvinculación de dicha institución, su campaña feroz para desprestigiar cualquier institución que no sea afín a su ideología política, y, principalmente, su desempeño como presidente, se puede determinar una cosa: que él es un hombre completamente ajeno a los ideales fundamentales que rigen a una verdadera revolución; no queda la menor duda que es un conservador, amante del principio de identidad, y un hombre incapaz, debido a la clase social a la que pertenece y representa, de llevar a cabo un proyecto que sea plenamente revolucionario. Es necio esperar manzanas de un árbol de limón, no para la lógica cristiana.


 La función del estado no debe circunscribirse solamente a fortalecer instituciones como la policía, el ejército y las delegadas de impartir la justicia como los juzgados, tribunales, cárceles. Debe combatir a la pobreza de manera frontal y sin piedad, es una tarea propia del estado a pesar de que ello implique una carga fiscal injusta para aquellos buenos burgueses que obtuvieron ilegal e ilegítimamente sus bienes objetivos. El estado debe meter su cuchara en el plato de la burguesía para proporcionar algo de pan a los pobres, el asistencialismo en último término constituye un insulto a la dignidad del ser humano.

 

El marxismo, ¿la única alternativa?

 

Desde mi punto de vista, debatible como todo  juicio de valor humano, la única forma de solucionar los problemas más acuciantes que afronta la clase trabajadora y la sociedad salvadoreña en general es a través  de un proyecto plenamente marxista, sin ello, una transformación genuina, como se ha visto hasta este momento, no es posible. Como es evidente ARENA no es una institución política que suscriba con lo ya mencionado.  El frente hizo lo que pudo, pero su proyecto no era plenamente marxista y estaba muy lejos de los principios revolucionarios más elementales.


La razón por la que sólo una visión marxista puede ofrecer un horizonte más esperanzador a nuestra sociedad es bastante simple: es la única postura científica, filosófica, política y ética que no saca al ser humano del horizonte, es la única que no acentúa la prioridad en el objeto sino en el sujeto; es la única que reconoce que el trabajo vivo es la fuente creadora del valor y que el ser humano posee una dignidad impagable; y, además, la única que fustiga toda forma de fetichismo.

 

¿Enemigo de la burguesía salvadoreña?

 

Éste presidente, oportunista y de una bajeza inefable, es un hombre que sabe sacar provecho y explotar políticamente todo lo que le rodea. Explotó, como bien es sabido, al FMLN, explota a su mujer, a su hija, a sus amigos, e incluso se explota a sí mismo vendiéndose como una mercancía de gran valor, pero en realidad está lejos de ser de lo que dice ser. Los conceptos vulgares que vende a las mayorías resentidas y con los que ha alcanzado gran popularidad son tan ordinarios y tan cursis que sorprende el impacto que han causado, suena ridículo escuchar a gente diciendo “los mismos de siempre los”, “1000 veces malditos”, “los enemigos del pueblo” y muchos otros conceptos de análoga naturaleza; la propaganda que ha montado, y que le ha rendido bastante éxito, es difundir masivamente la idea de que el FMLN y ARENA son, en este momento, lo mismo. Esto sólo se lo traga un simplista, la realidad no es así. Podrán coincidir en algunos aspectos en esta encrucijada en la que se encuentran, pero esencialmente no son lo mismo.


Su ataque vehemente a ambas instituciones ha hecho creer a muchos, inclusive a exguerrilleros, que piensan que él es un enemigo declarado de ARENA y, por tanto, de la burguesía así como del frente y que su ataque a dichas instituciones obedece a una genuina intención, pero ¿es esto cierto? ¿En realidad la intención de Bukele se circunscribe solamente a destruir sistemáticamente a esos dos partidos? Pero al parecer a él le es fácil trabajar con ex-areneros y exguerrilleros. ¿Es coherente su discurso o es un mero pragmatista romo que cambia de discurso cuando la situación lo amerita o se le sale del control?

 
El objetivo de Bukele

 

Bukele y la nueva Burguesía por Víctor Salmerón

Bukele ha demostrado en reiteradas ocasiones que no es un revolucionario, eso es evidente y es algo que ninguna persona con sus facultades operando correctamente puede poner en tela de juicio; y aquí despliego mi tesis: La intención suya y la de la nueva burguesía que se va a erigiendo sin obstáculo serio a su paso en nuestro país es la siguiente: destruir a la izquierda y el pensamiento marxista en general. No es al FMLN en último término al que quieren destruir Bukele y la nueva burguesía pujante, ese partido con su operar escasamente revolucionarios se suicidó, su propósito es más ambicioso: destruir de raíz toda forma de pensamiento revolucionario y, por lo visto, debido a la inocencia de muchos resentidos y pedantes analistas izquierdosos lo está logrando, además muchos excombatientes, que hoy en día solo son una triste vergüenza para la causa revolucionaria, están cooperando de manera activa para que tal fin se manifieste plenamente. De hecho a estos excombatientes alienados les tengo una propuesta, hagan patria: dejen de exteriorizar tanto odio en contra de la causa revolucionaria, no hagan más el ridículo con sus opiniones pueriles y traidoras. 


El FMLN, junto con ARENA, se dedicó, durante los periodos que gobernó, a crear una masa de creyentes políticos y no se preocupó en absoluto en la creación de un sujeto plenamente político y revolucionario, consciente de su accionar y de su proceder y, por lo mismo, capaz de advertir las hienas medio neoliberales y medio neofascistas. Este presidente, que sabe explotar todo lo que se le aproxima; no ha dudado en ningún momento en explotar el resentimiento y la impotencia de esa masa indeterminada, creyente y fanática. Lo que muchos sabiondos no han advertido es que es a la izquierda a la que se quiere eliminar, pues es el único pensamiento crítico que puede realmente servir de piedra de tropiezo en los pasos del actual movimiento político de Nuevas Ideas, corriente populista en el más alto nivel, Bukele intenta de manera sutil y a veces explícita de reducirla a un montón de cenizas, el burgués medio neoliberal y medio neofascista está ganando demasiado terreno y adeptos. Una prueba de ello es ver como muchos jóvenes en nuestro país se están volviendo tan retrógrados, en sus redes sociales comparten publicaciones tan reaccionarias que superan por mucho al conservadurismo de los areneros; en el futuro serán incapaces de abrazar algún tipo de utopía. El horizonte, no les miento, es tétrico para la izquierda en nuestro país.