domingo, 31 de enero de 2021

¿Qué es la felicidad para Platón?


   

Cinco razones mínimas para leer filosofía, ¿Por qué leer a Marx hoy y en el futuro? by Víctor Salmerón
Imagen de Gordon Johnson en Pixabay


📌 En este artículo se analizará lo siguiente:


Cinco razones mínimas para leer filosofía por Víctor Salmerón

Para entender lo que Platón concebía como felicidad es preciso entender su teoría de las ideas (metafísica de Platón) la cual está constituida por un dualismo, lo cual le permite afirmar la existencia de dos principios irreductibles y contrapuestos, en el que hay dos mundos. 


Para Platón existen dos mundos, el primero está, según él, imitando al original, este fue creado por una especie de dios artista (un demiurgo) que sólo es capaz de hacer una copia del mundo real, el de las ideas, que existe para siempre y nunca sucumbe; que es para Platón el auténtico.


 El mundo sensible es sólo una mera ilusión; las cosas aquí son aparentes a pesar de que luzcan como reales. Es, en todo caso, en el tiempo y en el espacio el único modo que éste mundo sensible puede ser conocido, pero para infortunio, los sentidos nos engañan. Es, según él, ininteligible. Ahora, uno puede argumentar que el mundo sensible puede ser conocido y que no es totalmente ininteligible, como Platón sostuvo, al conocimiento fortuito humano, una demostración irrefutable de ello es el imperio de la ciencia física. 


Se puede decir entonces que el mundo sensible es inteligible. Pretender conocer la realidad extra-mundana no es algo muy recomendable. Aquí no se niega la realidad suprasensible, pues no me parece algo relevante, pero su realidad, si es que existe, está más allá de nosotros y no podemos conocerla de manera satisfactoria práctica ni teóricamente.

 

El segundo mundo es el de las ideas. Este es el verdadero, eterno y perfecto. No está situado en el espacio y el tiempo, y su realidad es inteligible, es decir, se puede conocer a través de la razón. Está, además, habitado por las ideas perfectas, las ejemplares, el modelo, el arquetipo eterno. Estas Ideas son el modelo del mundo sensible. 


Es pues evidente que la situación del hombre es complicada. Se encuentra en una realidad que no es la verdadera sino la aparente. Es y no es a la vez. Su cuerpo es una cárcel de la cual debe salir pronto para contemplar el mundo real, lugar donde habita Dios y las ideas eternas y perfectas.

 

Tratemos de explicar esto, categorialmente, más en detalle. Para Platón hay tres dualismos. En primer lugar está el ontológico, en este dualismo él divide la totalidad de la realidad en dos mundos: el inteligible y el ininteligible.  

¿Por qué leer a Marx hoy y en el futuro? by Víctor Salmerón


En el primero se encuentran las cosas no espacios temporales, inmutables y eternas. En el segundo, se encuentran las cosas espacio-temporales, mutables y finitas. El segundo dualismo es el epistemológico. Este trata de la razón y los sentidos. El conocimiento se da en lo racional y el que se adquiere de los sentidos es aparente. El tercer dualismo es el antropológico. Aquí se divide al ser humano en cuerpo y alma. El cuerpo está vinculado al mundo material y sensible. Se lo considera, en la perspectiva de Platón, como la cárcel del alma. 


Todo lo malo en alguna medida se deriva de éste; mientras que el alma es un principio inmaterial, divino e inmortal y nos pone en contacto directo con el mundo de las ideas, el único real.

 

Implicación histórica de esta teoría

 

Esta postura tuvo consecuencias enormes para la humanidad. El cristianismo, por ejemplo, fue fuertemente influenciado por las doctrinas básicas de Platón. El énfasis del cristianismo en la importancia del espíritu y su desaforado y a veces hasta parodiable desprecio al cuerpo o cualquier realidad sensible fue tan enorme que hizo a muchas personas incluso a sujetos de gran inteligencia caer en cosas que hoy en día nosotros tacharíamos de ridículas. 


La mayoría de santos dedicaron toda su vida a exaltar el espíritu y a fustigar sus cuerpos; pues lo consideraban como un instrumento de pecado cuya única forma de liberase y alcanzar la gloria era por la penitencia y la oración. Toda esta influencia, se debió, en gran medida, a Platón, los estoicos y al ascetismo. 


Aunque la mayoría de ellos se consideraban en oposición y abiertamente en contra de toda forma de filosofía como se puede constatar al hacer una escueta lectura de la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis. Sin embargo, es un filósofo griego el que los influenció extraordinariamente.

 

Agustín de Hipona

 

Cuando uno lee intelectuales como Agustín de Hipona, da la sensación de que fue un hombre de enorme inteligencia y gran fuerza estética. Sus pasajes escritos con una pasión desbordada y con grandes atributos estéticos muestran su enorme capacidad de escritor y poeta. Pero la influencia de Platón, en su vida espiritual ya como converso, no para bien en mi opinión, es enorme. 


Es increíble cómo llega a un nivel tal de moralismo que rosa desde esta perspectiva actual pues en su tiempo, supongo, la mayoría de cosas que exponía eran aceptadas comúnmente en los círculos en los que se movía. Él fue, quizá influido en demasía por las ideas de Platón, uno de los máximos promotores y que ayudó en el desarrollo de la doctrina del pecado original. 


Esta postura, que parte de un mito que sólo puede ser sostenido dogmáticamente no de manera racional, sostiene que el ser humano después de la caída de Adán y Eva todo sujeto que nace está afectado por este pecado original apoyándose en el salmo 51: 5 en el cual el salmista sostiene: “en verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre”.

 

El sujeto y el camino de la felicidad

 

Además, para entender adecuadamente el pensamiento de Platón, sería preciso explicar sumaria y someramente lo que él pensaba de los hombres y mujeres en su República ideal; divide a las personas en tres clases: los artesanos u obreros, los guardianes y los gobernantes. 


Los primeros por naturaleza ostentan un alma inferior, por tanto no son los más virtuosos y tienen que dedicarse a trabajar para que las clases superiores vivan acorde a su naturaleza. A saber, tienen que realizar la manufactura y cualquier clase de oficio práctico que contribuya al sostenimiento de las clases superiores. 


La virtud que han sido llamados a encarnar es la templanza, sin ella no son buenos ciudadanos y no les espera un futuro muy prometedor.  Al menos éstos están en una categoría superior a los esclavos, pues aquellos ni figuran en la polis de Platón. Ellos, como es natural, se dejan llevar por el apetito, el instinto y el deseo, a saber, por lo más ínfimo del alma; un caudal de pasión desbordada los determina. 


Los guardianes son los soldados, ellos poseen un alma irascible y buscan como sea posible adquirir poder y mando sobre los débiles, a saber, los obreros. Por supuesto que son mejores que los primeros, pero no están a un nivel superior de existencia; no domina en ellos totalmente la razón. 


Su accionar será satisfactorio sólo cuando materialicen y vivan el ideal con el que la naturaleza los ha determinado.  Este ideal es el valor con el que ayudarán al desempeño óptimo de la polis.  


Los últimos, los gobernantes, a saber, los filósofos, esos son los que poseen un alma superior; es racional y lejos de la desbordada pasión que caracteriza a las dos primeras clases sociales. La virtud que éstos deben encarnar por naturaleza es la sabiduría, pues de aquella dependerá la armonía saludable de la polis.

 

Todos sabemos que esas divisiones que realizó Platón de las clases sociales no se dan prácticamente hoy en día; —sin negar que algo de ese pensamiento sigue vigente— y está muy lejos de realizarse, pero los tres tipos de almas que él hace referencia sí se pueden identificar en la realidad. 


Todo hombre, sin importar la condición dónde su existencia se objetiva, busca y anhela la felicidad. Sería desatinado ir por la vida buscando infelicidad a sabiendas que ésta está por doquier, especialmente cuando no juzgamos objetivamente. 

“Los hombres todos apetecen la felicidad. Pero, añade Platón, el caso es que buscan esa felicidad por caminos torcidos y desatinados”   (Hirschberger, 1968, 125).  


El problema de la mayoría, en la visión de Platón, es que la busca por caminos que distan abiertamente de la virtud. Es decir, la buscan por los caminos del error, por los del mundo sensible, por los cuales marcha la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de la tierra, quienes, en la concepción de Platón, figurarían en la primera clase social.

 

En ese sentido se podría decir que el primer obstáculo para conseguir la plena felicidad es uno mismo; si domináramos nuestro instinto, y las pasiones que naturalmente derivan de éste, seríamos de alguna forma menos infelices. 


Muchos dicen: “Yo no soy feliz porque los demás, y el medio en donde me encuentro, me lo impiden”. Esto puede ser verdad relativamente, pero si fuéramos capaces de buscar la felicidad por los caminos de la virtud, entregados a la razón como lo hacen algunos hombres, que son pocos, y no por los del error, nuestra vida sería más feliz.

 

Las dos cosas que imposibilitan la felicidad auténtica

 

¿Por qué leer a Marx hoy y en el futuro? by Víctor Salmerón

Pero cuáles son esas cosas erradas que nos apartan definitivamente de la auténtica felicidad según Platón: (1) dejarse llevar por el mero instinto, que se encuentra en el mundo sensual, a saber, en la materia simple y compleja externa; (2), el apetito de poseer el mando sobre los demás, los más débiles y la naturaleza.  Esas dos cosas mencionadas, a pesar de que parecen reales, no nos pueden proporcionar la genuina felicidad. 

 

El instinto y el deseo

 

El instinto, como es natural suponer, apetece saciar el deseo de poseer riquezas, facilidades y placer desaforado. Quienes se consagren toda su vida a saciar estos apetitos, es mejor que estén preparados porque Platón, mi amigo y mi enemigo, in no les tiene buenas noticias. 


 Tales sujetos, por más que lo intenten, jamás alcanzarán la genuina felicidad.  Se agotarán infortunadamente, como los discursos políticos de las izquierdas y derechas, en sus deseos, pero jamás saciarán esos apetitos. Se encarcelarán o se cerrarán, con llaves, en su propio cuerpo; serán cárcel y carcelero.

 

La ambición al poder

 

Quienes quieran obtener poder para mandar y controlar a súbditos, según Platón, están en una posición más favorable que los primeros, pero no han superado el mundo de la apariencia.  Supongo que él sostenía tal cosa ya que tienen al menos un fin más específico, la primera clase social si no practica su virtud rectamente no tiene un fin honroso; y no beneficiará a las mayorías, porque tal fin es demasiado individual y egoísta.


 Como Platón era comunista, siempre pensaba en el bien de los demás, desde su perspectiva obviamente. Y ejercer el mando adecuadamente es una forma de organizar a las mayorías insensatas cuyo único interés estriba en saciar lo más bajo del instinto.  Esta clase social, alcanzará fines prácticos y honores corrientes, pero no posee una virtud extraordinaria.


Continuará..