martes, 15 de septiembre de 2020

Otra idea de política, pero la misma política usurera

La ley de la eutanasia: una bofetada más a la Iglesia Católica por Víctor Salmerón
Imagen de Alex Yomare en Pixabay 


Cambio ideal


Cambiar la idea que se tiene de algo no hace necesariamente cambiar a la cosa real, hace cambiar solo la forma o la manera como se ve la cosa, pero no la cosa real. Desde el plano formal, cualquier exégesis sobre un determinado fenómeno por encarnada que ésta esté, en ciertos momentos y debido a necesidades naturales e históricas, puede ser alterada. Pero el cambiar la forma de concebir una cosa por otra nueva, no implica en realidad una modificación en el nivel ontológico, en lo real, sino más bien una modificación en el mero plano formal.  Pero de ese tipo de modificaciones han existido, existen y seguirán existiendo. La masa desesperada, —cuyos pasos están totalmente alejados del farol, el pueblo, que ilumina con gran potencia las penumbras del camino de la multitud de hombres y mujeres de buena voluntad—,  debido a la pequeñez de su mundo, de su cultura, de su memoria y de su conciencia no lo logra advertir. Los integrantes de la masa, que por lo general son la mayoría, siempre y cuando un discurso sea agradable a sus oídos, lo aceptarán sin importar lo falaz, hipócrita, mediocre y mentiroso que sea. Eso es precisamente lo que hace un discurso ideológico bastardo: modifica la idea de la cosa —pero no la cosa— sin transformar en lo profundo la realidad.

 

La masa 


En el transcurso de mi vida he comprendido meridianamente una cosa: la mayoría de sujetos-masa no están interesados en encontrar la verdad objetiva, aquella que es fría, indiferente y ajena a los deseos arbitrarios, sino más bien en fortalecer sus quimeras. No es preciso que todos seamos científicos en ejercicio, pero el carácter de aquél es deseable pues, se cree, que curaría el mal que atormenta a gran parte de la masa. La verdad no sólo implica conocerla, precisa resistirla, sino se tiene la capacidad y fortaleza para eso, se vivirá toda la vida de puras quimeras, parece que nuestra gente ya se resignó.

 

La masa salvadoreña 


La masa salvadoreña en su infinita-humana ignorancia cree que este hombre, el presidente que tenemos, es su amigo, mas no son capaces de reconocer que es su peor enemigo. Si fuera amigo de ellos buscaría la manera de sacarles de su indeterminación, de darles forma. Pero, ¿cómo se saca a la masa de su indeterminación para constituirla como pueblo? Cubriendo sus necesidades básicas y en alguna medida sus complejas, organizándola, concientizándola y apoyándola para que aquella se constituya en movimientos sociales que ayuden a concientizar a los demás sobre los temas más sensibles que afectan a sectores particulares de la sociedad. La masa deja de ser masa cuando adquiere conciencia de su ser con el otro y la naturaleza. Pero esto no es lo que está haciendo el presidente, se está aprovechando de la falta de cultura de sus seguidores, —pues la mayoría de sus fieles carecen de una formación académica a la altura del contexto en el que su realidad objetiva se está desplegando—, y, gracias a ello, logra meter toda clase de odio en contra los políticos tradicionales y de los que no piensan, mejor dicho no sienten, como él y su pandilla usurera. Hacerles creer a las víctimas que son ellos los que luchan en torno a un proyecto político, es la parte favorita de los líderes políticos manipuladores y oportunistas, pues así los hunden más en su fe ciega para con ellos.

 

La masa en su ciego e irracional afán por satisfacer su impotencia y odio colosales, es incapaz de ver las consecuencias de sus acciones instintivas. Pero el pueblo, que es consciente por definición, sabe que toda acción política, y en especial cuando aquella tiene alcance nacional, debe de ser meditada, estudiada y planificada responsablemente. Queda claro que es el sufrimiento la única escuela capaz de enseñarle algo a un país tan desfigurado, desrealizado y deshumanizado como el nuestro.  



      



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