sábado, 19 de septiembre de 2020

¿Qué es la verdad y la existencia de Dios según René Descarte 【 su Irrupción Filosófica 】?👨💯


¿Qué es la verdad y la existencia de Dios según René Descartes?👨💯🙂
Descartes es el filósofo francés más grande que ha existido. 


En el campo de la filosofía han existido filósofos idealistas, materialistas, pesimistas, optimistas, vitalistas, voluntaristas y de muchas otras corrientes; algunos de ellos con grandes ideas, grandes argumentos y sistemas, pero no todos han sido capaces de transformar o cambiar la historia como sí lo hizo Descartes.



    Contribuyó enormemente en el aumento del subjetivismo, a saber, la primacía del sujeto sobre el objeto, de la conciencia enfrente del ser, de la inmanencia ante la transcendencia, (Hirschberg, 1967, pág. 39), en la antropología filosófica, en la gnoseología y en el racionalismo en general.

    La  verdad y la existencia de Dios según René Descartes


     No por gusto se le llama el padre de la Filosofía Moderna. Pues bien, habiendo dicho esto, investiguemos más afondo a nuestro filósofo. ¿Quién es René Descartes? ¿Qué es lo que lo hace ser tan popular y universalmente conocido? ¿Por qué es tan criticado, alabado y muchas veces hasta objeto de burlas de gente erudita y frívola? 


    Muchas personas han oído hablar de Descartes, y se los han explicado, pero quizá, a pesar de ello, no lo han entendido apropiadamente o no se han percatado de la importancia capital de este hombre en el mundo filosófico.

     

    Descartes es el filósofo francés más grande que ha existido. Sus días fueron (1596-1650). Considerado por casi todos los filósofos como el fundador de la filosofía moderna. 


    Su superioridad sobre el resto de filósofos estribó básicamente en que su razonamiento estuvo atiborrado por la nueva física y la reciente astronomía. 


    Mantuvo cierto escolasticismo, es verdad, pero no puede ser reducido a un simple vulgar escolástico, pues contrarió abiertamente las bases de sus predecesores y se propuso la tarea ingente de re-fundamentar todo el edificio filosófico a punto, a su juicio, de caer por vetusto. 


    Su filosofía es clara, no escribió como un maestro pedante, era consciente que su descubrimiento epistemológico era determinante para el mundo filosófico por lo tanto debía ser ampliamente difundido, proliferado y entendido entre las masas cultas e incultas. 


    Su contribución a la geometría es importante, él inventó la geometría coordenada, pero no en su totalidad (Russell B., Historia de la filosofía occidental II, 1945, pág. 213).Las obras más conocidas de Descartes son el Discurso del Método y las Meditaciones Metafísicas.

     

    Fue, el creador de aforismos  célebres. Aquí, pues, les dejo algunos de ellos.


    (1)"Las mentes más grandes son capaces de los mejores vicios, así como de las mayores virtudes".

     

    (2) "Los números perfectos como los hombres perfectos son muy raros.”

     

    (3) "Es prudente nunca confiar completamente en aquello por lo que hemos sido engañados una vez”.

     

    (4) "Divide cada dificultad en tantas partes como sea posible y necesario para resolverla”.

     

    Dicho esto, para romper el hielo y a modo de introducción, continuemos pues con ésta misión. 


    Pues bien, es preciso decir algo antes de entrar más en detalle: como es del dominio público, muchos libros, artículos, tesis y muchas otras obras intelectuales se han creado alrededor de la filosofía de Descartes. 


    En este ensayo, en todo caso, dos temas importantes de su filosofía, que son el criterio de la verdad y la existencia de Dios, se tratarán de abordar con el telos único de tener una mejor comprensión sobre dichos temas.  


     

    Criterio de verdad

     


    Primero, Descartes quería encontrar verdad y certeza. Para lograr tal propósito, propuso una duda metódica la cual le permitiría encontrar la verdad y la certeza que deseaba; todo lo sensible fue, por lo tanto, sometido al dominio de esta duda. 


    Esto incluía a las cualidades primarias, a saber, la extensión, peso, movimiento, forma y las secundarias, es decir, los colores, olores, tacto, sabor y sonido; las segundas, según nuestro amigo Descartes, están dentro de nosotros y no en los objetos. 


    Al hacer esto, dar rienda suelta a su duda metódica, Descartes, quería adquirir un conocimiento preciso, que lo liberara de todos los prejuicios ordinarios, típicos en los hombres someros que no han penetrado la realidad más allá de las burdas apariencias. 


    El carácter cualitativo, inherente al mundo filosófico,  sufrió un revés del que aún hoy no se recupera.

     

    En segundo lugar, antes de seguir explicando la duda metódica, definamos primero qué es una duda y los tipos de dudas que podemos distinguir. Una duda es una especie de fluctuación de la mente al afirmar o negar algo.


     Las dudas que se pueden identificar son las siguientes: las universales, parciales, metódicas, escépticas, reales y ficticias. 


    Primero, tenemos la duda universal, que consiste en suspender cualquier tipo de juicio; además, existe la duda parcial, que estriba en suspender algunos de los juicios.  


    A continuación, tenemos la duda metódica, que es un medio, un método o principio que nos permite llegar a obtener ciertas verdades que no puedan ser puestas en duda, a saber, nos permite afirmar verdades simples pero tangibles; nuestro filósofo quería encontrar al menos una verdad fundamental; de aquella podría seguir obteniendo otras y así reconstruir el edificio epistemológico. 


    Por otro lado tenemos la duda escéptica, que está cerrada, como la iglesia católica, sobre sí misma. David Hume, como se sabe por los libros de la historia de la filosofía, se casó sin cura con este tipo de duda. 


    Finalmente, tenemos la ficticia; esta duda solamente es concebida. 


    Ahora está claro para mí, y espero para ustedes, que la duda juega un papel importante en la búsqueda de la verdad.

     

    El propósito cardinal por lo que se debía de desplegar la duda metódica era porque gracias a ello se lograría reconstruir el edificio de la filosofía. 


    Según Descartes, estaba  viejo, endeble, decrépito y, por ese motivo, atiborrado de muchas debilidades y defectos. 


    Esta duda metódica lo ayudaría a fundamentar unas bases sólidas para el edificio epistemológico de la ciencia y las matemáticas cuyas verdades deben ser absolutas, para así evitar cualquier clase de incertidumbre.


    Él  se propuso la no muy pequeña tarea de lograr encontrar y comprobar una verdad simple, pero de carácter irrefutable, su trabajo, si era exitoso, nos libraría del error, tan común en la naturaleza humana. 


    Con esa verdad que quería encontrar, la cual sería la condición de posibilidad para todo otro conocimiento, se lograría alcanzar las ideas claras y distintas.

     

    Pero él se enfrentó con un problema, ¿y si la realidad cotidiana que daba por sentado sin ningún tipo de duda no era tan real como él suponía?  ¿Y qué tal si la vida suya y la de todos era solamente como una suerte de sueño, una ilusión?


     A menudo, todos hemos tenido sueños muy similares a la experiencia cotidiana; en los sueños, vemos una realidad parecida a la que  experimentamos despiertos, vemos personas y un mundo cuyo espacio y tiempo se ven alterados. 


    Para él, existía la posibilidad, por remota e idiota que pudiera parecer, de que todo lo que concebimos como real fuera una especie de sueño. 


    La vida de todos nuestros familiares, amigos, y mascotas, que damos por supuesta, puede ser un sueño que sin más reside en nuestra mente.


     Todos hemos tenido sueños que parecen ser tan veraces; sin embargo, cuando nos levantamos al día siguiente, nos damos cuenta de que era, eso,  sólo un sueño.


    Además se le vino otra idea: existe también la posibilidad de que un genio maligno le presentara, como real, una falsa realidad, es decir, una ilusión.  Si existe este genio, aquel podría perfectamente crear una realidad falsa, y, de ser así, él podría ser constantemente engañado.


     En cualquier caso, si este genio malvado en verdad existe, sería necio esperar que exista una realidad objetiva, pues el origen de todo sería una mera ilusión. 


    Según Descartes, si este hipotético genio malvado existía, la matemática, la materia que más confianza genera, podría ser fácilmente puesta en duda. 


    Esto es grave, pues, si él existe, incluso las verdades de las matemáticas, que son eternas e inmutables, no pueden ser tomadas con absoluta certeza. 


    Él puede, dado a su poder, usar técnicas viles para engañarle. Este ser inicuo puede engañarle en todas sus certezas. Por lo tanto, sería imposible la verdad objetiva.  


    Ahora, si las verdades de la aritmética y la geometría, que son absolutamente válidas, estaban bajo el poder del genio maligno, entonces cualquier otra cosa terrenal podría ser objeto de duda. 


    Por esa razón, se le ocurrió la duda hiperbólica. Decidió, por el bien del saber, dudar de todas las cosas materiales.


     Todo fue puesto en duda. Inclusive su propio cuerpo, es decir, la parte de la substancia finita llamada res extensa que es perceptible por su extensión, tenía que ser puesto en duda, pues aquel también, de existir este genio maligno, estaría bajo su influjo.

     

    En todo caso, gracias a la duda hiperbólica, descubrió algo. En la meditación dos, Descartes llegó a la primera y más segura proposición en su proceso de duda. 


    Esta proposición es "ego sum, ego existo" o cogito ergo sum (Pienso, luego existo); esta idea fundamental de Descartes, el cogito, es una intuición de naturaleza clara y distinta, análoga al carácter matemático geométrico; este principio o proposición constituye, en simples palabras, “el núcleo” (Russell B., Historia de la filosofía occidental II, 1945, pág. 216) fundamental de su teoría del conocimiento. 


    Es una verdad tan sólida y tan cierta que ningún argumento escéptico, por más ingenioso que se desplegara en su contra, podría derribarla. 


    Esta es una verdad irrefutable, afirmó Descartes; es una verdad privilegiada o primordial y es una idea, aunque hoy no nos parezca así, clara y distinta.


     Es la primera idea en el orden del saber. Además, no está sujeta a la maquinación funesta del genio maligno, es decir, no tiene acceso a esta verdad. 


    Es una verdad necesaria. Conjuntamente, se actualiza por autorreflexión. Su existencia y la existencia del cogito fueron la base de su filosofía. 


    Según Descartes, esta propuesta era una idea clara y distinta. Los adelantos científicos así como epistemológicos no lo sostienen así, pero en su tiempo fue un gran adelanto.

     

    Entonces, esto llevó a Descartes afirmar que existía, si no era como materia extensa por lo menos como algo, una cosa pensante. 


    Por lo tanto, el genio maligno podía engañarlo en todas las cosas que ve, toca, y oye; pero si el genio maligno lo engaña, es porque existe. 


    Es verdad que de existir tal genio todo ser humano está expuesto a ser engañado todo el tiempo, pero si alguien es engañado, es porque es algo, existe, porque piensa, para pensar tiene que existir. 


    Él existe porque piensa. El genio maligno no puede engañar a lo no ser. Por lo tanto, si alguien piensa, es algo. Para existir alguien debe pensar.


    Asimismo, el genio malvado no puede tocar ni acceder a esta proposición privilegiada; de esta verdad, según Descartes, no podemos dudar. 


    Sin embargo, esta era la única verdad que, con gran esfuerzo, logró alcanzar. Si quería encontrar más verdades, necesitaba probar la existencia de Dios.


     El encuentro con esta verdad fue un gran avance en su proceso de duda, pero estaba incompleta; tenía que demostrar la existencia de Dios; es lo que le permitiría ir más allá y poder encontrar otras verdades.


     

    La existencia de Dios

     


    Descartes, entonces, necesitaba probar la existencia de Dios —popularmente conocido como  el ser que es causa de sí, de todo lo bueno y, por lo mismo, de toda la moral y el bien— no sólo eso sino también, que Dios, en este caso, no era un embaucador. 


    En sus meditaciones, Descartes, piensa que demostró satisfactoriamente la existencia de Dios. Surge pues la pregunta, ¿cómo lo demostró?

     

    Él trató de probar la existencia de Dios empleando tres argumentos. 


    Primero, por la idea de Dios, que tiene tanta realidad objetiva y perfección, y además de hecho está en nosotros. El sostenía que si él poseía, y todas las personas que conocía, esta idea de Dios, aquella debía provenir de Dios, porque él era un ser finito, como todo ser humano, incapaz de crear esta idea. 


    Para ser más claros: su existencia no era necesaria, ¿cómo pues un ser innecesario puede ser el creador de una idea infinita? Él no podía ser. Ésta, por supuesto, tiene una causa. Sin embargo, ¿quién es la causa de esa idea necesaria? Descartes concluyó que sólo Dios podría ser la causa de ella. Es decir, Dios es su causa. 


    Ésta, según Descartes, estaba en su mente, era a priori. Sin embargo, él no la creó. 


    Asimismo, esta idea es innata, a saber, es clara y distinta como la idea de sustancia infinita, Dios, y sustancia finita formada o la res cogitans y res extensa; es decir, que cuando nació ésta ya estaba incrustada en su mente; la idea de Dios es por lo tanto la primera en el orden de la existencia, es la condición de posibilidad para todo lo demás.

     

    Según Descartes, Dios es una substancia —entendida ésta como todo lo que puede existir por sí mismo— infinita, inmutable, independiente, conocedora y todopoderosa. 


    Además, es imposible que esta idea pueda concebirse como imperfecta. Dios es un ser perfecto, por lo tanto, el engaño no puede existir en su naturaleza.


     Como dijimos, es imposible que Dios pueda ser un mentiroso, a pesar de que cuando uno lee la Biblia no lo crea así. Eso contradeciría su ser. Se puede pensar, como un ser perfecto solamente, otras designaciones malvadas no son características o notas propias de Dios.

     

    Segundo, usó el conocido argumento de un ser necesario. Este ser debe contener todas las perfecciones, y no se le puede aplicar ninguna imperfección. Este ser debe ser Dios. 


    ¿Qué quiere decir con ser necesario? Lo que quiere decir es que Dios no es un accidente. Su existencia es esencialmente necesaria, sin ella no se podría estar aquí, no existiría nada. 


    Mas alguien puede preguntarse, ¿qué es un accidente? Un accidente, según Aristóteles, es una especie de ser existente en una sustancia, por lo tanto, su existencia depende en virtud de otra cosa, su existencia no es necesaria. 


    Hay nueve formas de ser accidental: cantidad, calidad, relación, lugar, tiempo, posición, estado, acción y pasión


    Pero, Dios, como ser necesario, no puede agotarse en ninguna de esas formas de accidentes, pues en ellas hay complejidad y potencialidad y Dios es simple, no es un accidente; su existencia es necesaria, es un acto puro.

     

    Finalmente, en la quinta meditación, dio otro argumento en favor de la existencia de Dios haciendo uso del conocidísimo argumento ontológico, que es, como sabemos, el argumento que inventó Anselmo a favor de la existencia de Dios. 


    Es preciso decir que este argumento distingue la existencia de la esencia. Cualquier persona, cosa o sustancia finita puede existir, pero su esencia no implica existencia. 


     El argumento puede expresarse así: Dios es el ser más perfecto, el sujeto de todas las perfecciones como sostuvo Leibniz, todos conciben a Dios como el ser más perfecto, por lo tanto, si existe un ser que es perfecto, entre todas esas perfecciones tiene que estar la de existencia, de esto se sigue que su existencia es una perfección de las muchas que tiene. 


    Si no existe, no es el ser más perfecto, por lo tanto existe. Para ser más precisos, Dios como el ser más perfecto, tiene que existir pues de lo contrario le faltaría una perfección y, además, su esencia implica necesariamente la existencia. 


    El argumento es válido, si el tonto niega la existencia de Dios, entonces está infringiendo el principio de no contradicción. Una vez que alguien lo transgrede, no está bajo las reglas de la lógica y lo que hace no es lógico sino arbitrario.


     La existencia de Dios debe afirmarse como perfección, de lo contrario el tonto está violando el principio mencionado. Según Frederick Copleston: 


    " una función del argumento ontológico es mostrar mediante la penetración de la idea de lo perfecto, que es parte del dato original, que Dios no existe simplemente en relación con nosotros, sino que existe necesariamente y eternamente en virtud de su esencia ".

     

    A modo de conclusión

     

    En resumen, he tratado de explicar, tanto como pude, el Criterio de la Verdad y la Existencia de Dios.

     Para ello se trató de esclarecer los tipos de dudas que hay y la duda metódica, cuyo propósito era encontrar la verdad fundacional. Esta verdad fundacional encontrada por él, desde su subjetividad, fue el cogito


    Se explicó asimismo los diferentes argumentos —en realidad tres— que expuso Descartes para demostrar la existencia de Dios. 


    Es tarea del lector, en todo caso, aceptar crítica o acríticamente o refutar a Descartes, me conformé en este trabajo con exponer estas ideas suyas en relación con la teoría del conocimiento y la existencia de Dios.


     

     

    Fuentes

     


    Escrutinio, Roger. Filosofía moderna: una encuesta. Londres: Arrow, 2002. Impresión.


    Copleston, Frederick Charles. Una historia de la filosofía. Garden City, N.Y: Imagen, 1963.


    Johannes Hirschbeger. Historia De La Filosofía. 1967 ed. Vol. II Barcelona: Editorial Herder, 1967. 35,36,37. Impresión. Sección De Teología Y Filosofía.


    Hirschberg, J. (1967). Historia de la filosofía'. Johannes Hirschberger. 2 vol. Barcelona: Editorial Herder.


    Escaramuza, Justin. "Dualismo mente-cuerpo". Encyclopædia Britannica. Enciclopedia Británica, Inc., jueves 2 de marzo. Web. 30 de marzo de 2017.


    Los filósofos europeos desde Descartes hasta Nietzsche. Nueva York: n.p., 1992. Impresión. ,

    Russell, B. (1945). Historia de la filosofía occidental II.Barcelona: Austral.






      

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