jueves, 16 de septiembre de 2021

La dictadura siempre es repugnante

La dictadura siempre es repugnante

El cuerpo humano es extremadamente complejo. Se estima que éste está constituido por más de 100 billones de células. Se cree que por minuto mueren alrededor de 35.000 células. En un día se pierden 50 millones. La complejidad que encierra una sola célula es mucho mayor que la de Júpiter, compuesto principalmente de hidrógeno y helio; el 87% es hidrógeno y el otro 13% helio. Es evidentemente más fácil hacer un análisis sobre un cuerpo que sobre una célula. La salud de un cuerpo dependerá del buen funcionamiento de sus respectivos sistemas, aparatos y órganos. Si uno de sus sistemas falla debido al deterioro o a una lesión de alguno de sus órganos vitales, el cuerpo comenzará a funcionar de manera irregular y, por lo mismo, a generar problemas. En peores escenarios, una falla en algún órgano podría causar inclusive la muerte. En el mundo se estima que anualmente alrededor de 1,7 millones de personas mueren debido a complicaciones en los riñones.


Es sabida la importancia que tiene el corazón dentro del aparato circulatorio o cardiovascular, y lo vital que es para el correcto funcionar de la corporalidad viviente. Sin embargo, a pesar de lo capital que es éste valioso órgano en ese determinado aparato, no es él el aparato circulatorio. Es un elemento más. Es un simple órgano, constituido como todo corazón por dos aurículas que reciben sangre y dos ventrículos que son las principales bombas del corazón. Es dentro del sistema que deja de ser abstracto y se vuelve concreto. Un corazón fuera de un cuerpo no tiene sentido ni razón de ser, tiene significado, pero no sentido.


El fin último de estos sistemas, aparatos y órganos es mantener vivo, fuerte y saludable a un determinado cuerpo. Un desequilibrio en uno de esos sistemas puede causar daños graves a una persona. Beber agua en exceso, por ejemplo, puede causar hiponatremia. El riñón no se debe forzar a trabajar demasiado por el bien común de los otros órganos del cuerpo. Ingerir agua en demasía puede ser contraproducente, de hecho el nivel bajo de sodio está asociado a esta práctica. Ahora bien, los cuerpos sociales, dada su complejidad desaforada, son más difícil de estudiar y analizar dado que sobre ellos las predicciones y las generalizaciones requeridas en las investigaciones científicas no son tan fáciles de lograr. El aparato digestivo siempre y cuando sus diferentes órganos estén en perfectas condiciones cumplirá su respectiva función tal como se espera. Pues es un sistema complejo simple.


El estado se puede considerar como un cuerpo social. Éste se compone de sistemas, órganos e instituciones; lo ya mencionado es lo que hace posible su existencia a través del tiempo. Sabemos que los órganos principales del estado moderno son tres: Órgano Legislativo, Órgano Ejecutivo y Órgano Judicial.


Por importante que sean dichos órganos debe haber ciertos contrapesos. El estado consiste pues en el conjunto de órganos e instituciones puestos juntos formando una totalidad de sentido. Éstos órganos deben operar equilibradamente. Si uno de ellos se totaliza y pretende relativizar a los otros, hay ya un problema. La salud del estado dependerá de la buena salud que gocen sus órganos. Si uno está enfermo, el estado no funcionará como se debe.


El frágil estado salvadoreño está en peligro pues uno de sus órganos se está totalizando y los demás se están relativizando. Esto afecta a todos. El estado son los campesinos, los obreros, los agricultores, los artesanos, los comerciantes, los militares, los encargados de la administración de la justicia, los ricos, la clase deliberativa, los encargados de la administración pública. Es responsabilidad de todos velar y luchar por tener un mejor estado.


La población salvadoreña independientemente de su color político tiene el derecho de ir a protestar hoy en contra de este presidente corrupto y autoritario. El verdadero patriota es aquel que se preocupa de garantizar la vida y la existencia de un estado sano y libre de los delirios dictatoriales. El estado salvadoreño no es sólo el ejecutivo. Que el presidente sea el máximo representante de dicho órgano no lo convierte necesariamente en amo y señor del campo político nuestro. Existe la cura contra los parásitos. Si el que se ve aquejado por ellos no toma el desparasitante es problema muy suyo, pero en principio no debería estar sufriendo.


Espero que la marcha de hoy sea todo un éxito. Se debe dejar bien claro: no queremos una dictadura repugnante y menos una tan conservadora y derechista. Ya va siendo hora de poner en su sitio a este presidente ansioso por terminar de devorar los últimos pellejos de este raquítico estado y a sus asquerosos parásitos que se han tomado las diferentes instituciones políticas sólo para beneficio propio.


La corrupción, una constante en el campo político salvadoreño, es obvia si la realizó un miembro de uno de los partidos tradicionales odiados por la gente, pero es borrosa, inclusive imperceptible, si la practica un ministro del actual presidente, quienes dan la impresión de ser a sus fieles inmunes al tal cosa. No es el ardor genuino por objetivar la justicia y la verdad lo que motiva el accionar del presidente; a los que persigue el actual presidente es a los corruptos que no son sus amigos y que no son miembros de su círculo: su accionar está lejos de cualquier virtud y se alimenta de las emociones más represivas que pueblan su pecho. Por ese accionar patético y arbitrario es que se está ganando el repudio de la población; las protestas en adelante serán más a menudo.

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