miércoles, 20 de enero de 2021

¿Qué es Dios y el Hombre en Nietzsche?

¿Qué es Dios y el Hombre en  Nietzsche?

 Índice de contenido

 

 

 

1. Afirma el mundo sensible

 


Nietzsche, igual que Marx, parte de la realidad sensible. Afirma el mundo sensible, ya que es el único que existe.  Como aquel, le incomoda los prejuicios metafísicos, y está dispuesto a embestirlos sin ningún temor. El hombre para Nietzsche es una realidad material y nada más. El alma es una forma de referirse algún aspecto particular del cuerpo, pero en realidad no es algo que exista independiente de su corporalidad viviente. Como realidad sensible, el hombre tiene que ser el mismo y vivir según los dictados más fogosos de su espíritu. Nada de poner tabiques a las demandas más profundas de su ser, eso es propio de los débiles y cobardes, dignos solo para perecer.

 


2. El hombre y Dios en la perspectiva filosófica de Nietzsche

 

 

Para él existen naturalmente dos tipos de hombres: el sano y el enfermo, el fuerte y el débil. Como es natural suponer, por su condición de seres finitos y debido a muchos otros factores hostiles a la existencia, ambos sufren. Pero las razones de dicho sufrimiento son disímiles, el enfermo sufre por su condición de miseria extrema y desea que dicho sufrimiento sea derogado, en suma: quiere ser feliz, no sufrir, sin hacer el mayor esfuerzo; esto, empero, aunque alguien lo desee así, no es posible de lograr; esa es la razón principal por la que este sujeto débil y de espíritu endeble decide tomar una postura negativa ante la vida, la desprecia; lo cual aumenta su decadencia.



En vez de ser auténtico y aceptar la vida tal como es y no como él quisiera que fuera, prefiere ser un vulgar esclavo, porque quien no es dueño de sí mismo es un cautivo en su propio cuerpo. El fuerte por el contrario sufre asimismo, más su sufrimiento, que es de altura, no surge de su debilidad sino más bien de la abundancia y la riqueza de su vida. Es consciente, dada su superioridad sobre el resto, que la grandeza, lo valioso, sólo puede germinar del mas indecible sufrimiento. 


Este, como es un hombre sano y fuerte, dice sí a la vida, la enfrenta con dignidad y con un espíritu indómito, no se acobarda, como los lémures pueriles, ante ella. Los desafíos, que se despliegan como mantos ante él, los acepta; debido a esa actitud y aptitud para enfrentarlos tenazmente, alcanza la grandeza.  Dice sí a la vida y vive, ya que los miedos cobardes no son constitutivos a su ser, peligrosamente. Decir sí a la vida significa, lacónicamente expresado, vivir arriesgadamente, siempre al filo de la navaja.

 


3. La vida y la voluntad de poder

 


La postura de Nietzsche sobre lo ya descrito es bastante radical, él sostiene lo siguiente: sólo el sano, el hombre fuerte, tiene derecho a existir. Esto en todo caso, no obedece a razones puramente arbitrarias, es el único que dice sí a la vida, es el héroe, ya que dice sí al mundo sensible y está dispuesto, si la situación así lo amerita, a soportar los más espantosos sufrimientos o a infligírselos a otros para acceder a la esfera del poder y la grandeza, su lugar natural. Los hombres endebles y de pasiones débiles no podrán jamás acceder a la región de la grandeza, solo los fuertes, que en general son unos cuantos aristócratas.

 

Él sostiene que la vida es la voluntad de poder, ve en esta voluntad la fuerza motriz que anima el mundo entero. Todo es voluntad de poder. Si para Platón el ser era el mundo de las ideas, la sustancia para Aristóteles, el espíritu absoluto para Hegel y la lucha de clases para Marx, para Nietzsche el ser es la voluntad de poder. 


Esta voluntad se manifiesta en el proceso químico, la vida orgánica y en las formas de vida más perfectas. Este mundo, como lo dice en el Zaratustra es pura voluntad de poder y nada más. Esta es la solución a todos los acertijos que les han quebrado la cabeza a los hombres más lúcidos que ha producido la historia, tan fácil lo vio él. Como es una voluntad cósmica primordial, se apropia, conquista, explota y absorbe a lo débil, vive de su muerte, como el capitalismo de la del obrero.

 

Para Nietzsche ninguna forma de vida, orgánica o inorgánica, superior o inferior, está en dirección a la felicidad, está en la ruta que conduce al poder. La felicidad como tal la planteó Sócrates y, posteriormente, los ingleses a lo único que puede conducir es la decadencia. Ese concepto de felicidad inglés, a él le parecía que olía demasiado a chusma, a lo meramente ordinario. Sólo viviendo peligrosamente tal como los hombres grandes, los tipos superiores y no como los parias, es que se puede alcanzar el poder.

 


4. El hombre y el superhombre

 


El hombre auténtico —el que afirma la realidad sensible y no el otro mundo, ajeno a la experiencia cotidiana— como es sano y fuerte, dice sí a este mundo y ese sí, libre de toda cobardía  inherente a toda naturaleza enferma, es idéntico con la voluntad de poder, la fuerza motora que mantiene en marcha o movimiento todas las cosas. Sin embargo, los hombres como han sido domesticados para tener miedo y vivir según los preceptos del Dios cristiano, no han alcanzado, en el tiempo que él escribía, ese estadio de autenticidad, por lo tanto eran meros fragmentos, ramas, no troncos.

 

Para Nietzsche, que tanto desprecio le tenía al pequeño burgués mediocre por su excesivo olor a rebaño, el hombre europeo era mediocre. Su cultura general es el resultado de un sujeto completamente enfermo. Cree que desde la debilidad, la enfermedad y la miseria puede encontrar salud y salvación. Su cultura en general se generó desde la pobreza, el hambre y la enfermedad, no es el resultado de la opulencia y el raudal de poder.

 

El sujeto europeo, al que él odiaba explícitamente por su miseria interna y externa, ha renunciado cobardemente a la voluntad de poder.  Sólo la podrá conquistar cuando conscientemente diga sí al mundo y actúe en consecuencia siguiendo las demandas más profundas del espíritu de un hombre fuerte, de altura. A lo sumo que podían llegar sus conciudadanos, era ser los padres de los superhombres, cosa demasiado digna para parias de ese calibre.

 


5. ¿Qué es el superhombre?

 


Lo que es el superhombre para Nietzsche no queda muy claro. Pero siguiendo de cerca las diferentes calles de su pensamiento se puede percibir que él con ese concepto se refiere a una suerte de clase superior de ser humano que, debido a su estoicismo y singularidad en el actuar, sobrepasa por mucho al hombre común en poder y grandeza, como el otro al animal.


La aparición de este hombre no será una noticia muy atractiva para los predicadores y maestros de la humildad. Maldad en el más alto nivel, mayor que la de un heliogábalo, y no virtud es lo que se necesita para que este hombre germine y se manifieste plenamente en el mundo sensible y no en el mítico. Lo más malvado es el campo fructífero para la cultivación de este sujeto.


En otra parte Nietzsche considera que este hombre es el sujeto más alto y más perfecto de la especie humana. Napoleón fue uno de ellos, estos no aparecen muy a menudo. Si el Nietzsche viviera, admiraría a Donald Trump seguramente.

 


Según Nietzsche no todos, por más que lo deseen así, están destinados a ser superhombres; solo unos cuantos pueden aspirar a ello. Ellos, en virtud de su poder y fuerza exagerada, gobernarán sobre los demás, quienes tendrán que aceptar resignadamente su rol como esclavos y simples herramientas para la realización plena de las ambiciones infinitas de estos sujetos. 


Ellos serán duros con sus esclavos, pero al mismo tiempo con ellos mismos, como serán hombres de una fortaleza increíble no necesitarán las virtudes que anhelan encarnar los sujetos ordinarios. Por ser ellos, ningún tipo de crimen, por horripilante que sea, se les puede prohibir, lo único que no se les puede perdonar es algún indicio o manifestación de debilidad, eso es algo imperdonable para un superhombre


Sin embargo, existe en todo caso un gran obstáculo, el mayor de todos, que impide abiertamente la manifestación de este tipo de hombre; ese obstáculo lo advirtió Nietzsche, como se ve un objeto a luz del mediodía, y es la creencia del ser humano en Dios.

 

 

6. Dios

 

 

Es cuando el hombre da un sí definitivo al mundo que se convierte en su propio dueño y maestro. Su lucha consistía en disminuir la negación del sujeto a este mundo. Todo aquello que bloquea la posibilidad de un pleno sí generalizado en favor del mundo sensible, deberá, por el bien de los tipos superiores, ser aniquilado. El peor de todos es la tozuda creencia del hombre en dios, en especial el cristiano. 


Si Dios existe, el hombre no puede llevar acabo su auténtica misión en este mundo, no es un suelo de doradas ambiciones para la aparición del superhombre. Sólo el superhombre puede superar la mayor ficción que se haya inventado jamás, a saber, Dios; sólo él puede brindar un poco de esperanza a este mundo dominado por la más espantosa y desagradable mediocridad y decadencia. 


Dios tiene que ser conquistado pues un número bien grande de personas aún se adhiere a él con exagerada tenacidad. Se adhieren en todo caso a una simple sombra.


Dios, la hipótesis más gratuita e infundada, no existe, él ya fue matado, pero persiste su sombra, que llevará algún tiempo en ser superada. Así como se eliminó a Dios, pronto su sombra también será conquistada y no volverá a atormentar a los hombres fuertes.

 


(a)  ¿Cuándo  ocurrirá?

 


Nietzsche sostuvo que la creencia del hombre en Dios se debe enteramente a motivos psicológicos. Es el miedo cobarde de los hombres y mujeres que los hace suponer que el motivo principal de sus miedos reside en una causa externa y no interna. Es, evidente, que una vez superado el miedo que paraliza incluso a hombres racionales tal creencia disminuirá considerablemente.

 

Dios es la idea de un hombre superior, alguien que es más poderoso que un ser humano común. La falta de confianza en sí mismo abre paso a la superstición que naturalmente destila del mundo religioso. Dios no es más que el miedo del ser humano a la vida; ese miedo es que ha posibilitado convertir en importantes a los débiles y rechazar a los fuertes, a los verdaderos líderes.



(b) Dios o la moralidad genuina



Según Nietzsche, Dios debe ser repudiado y rechazado porque impide alcanzar una moralidad de altura, que permita el pleno desarrollo del hombre superior. En primer, lugar todos los preceptos y máximas morales están de alguna u otra forma conectadas con la idea de Dios. Cohíben que el fuerte se desarrolle plenamente y que despliegue todas sus potencialidades para construir y destruir; estas máximas, por venir de hombres enfermos, ignorantes y decadentes, son hostiles a la vida. El santo es ese que complace a dios, pero se odia sí mismo y a todo lo superior que esté a su alrededor.

 

La vida termina, según Nietzsche donde el reino de Dios, o el de la decadencia, comienza.  Dios, por ser la postura más anti vital, se interpone, es un obstáculo serio en el camino que conduce hacia el poder. Él cree que es extremadamente inmoral, ya que impone una moral domesticadora y destructiva para toda posibilidad de vida real, que es la que él defendía.

 

El Dios de la moralidad está como una gran roca en medio de la carretera obstruyendo el paso al hombre superior, al superhombre. La creencia en ese dios paraliza la creatividad del ser humano, corta las alas a las águilas y hace de lo débil, lo inferior, lo fuerte, lo recto. La idea de Dios es mala y está atiborrada de un odio de proporciones increíbles. Según Nietzsche si en realidad hubiera dioses, él no hubiera podido resistirse a ser como uno de ellos, por lo mismo no hay Dios.