domingo, 24 de enero de 2021

¿Por qué Hobbes fue fetichista?

 

¿Por qué Hobbes fue fetichista? por Victor Salmeron


               índice de Contenido:

1.El fetichismo de Hobbes

2.Fetichismo teórico en Hobbes    

2.1.Materialista

2.2.Nominalista       

3.Tipos

3.1.Lógico

3.2.Ontológico

3.3.Ideológico

4.Bibliografía 



El fetichismo de Hobbes
El fetichismo de Hobbes por Victor Salmeron                                                            

 

Para comprender mejor el fetichismo de Hobbes, es requerido aproximarse aunque sea escuetamente a su muy conocida doctrina sobre el estado. En su famosa teoría del estado primitivo natural y el contrato social político nos ofrece una visión general de como a él se le presenta el campo político y el ser humano en general. 


Es cierto que los elementos fundamentales de esa teoría, definitivamente, no pueden ser tomados como verdaderos, sólo sirven para dar un interpretación, a través de un enfoque mítico, teórico del estado.

 

(a)  El estado primitivo natural

 

El panorama que nos presenta Hobbes a cerca del ser humano resulta tétrico. Esta visión sobre aquel genera la sensación de que la nota que supera toda otra es el egoísmo desbordado. En este estado, —que reside naturalmente sólo en la mente morbosa de él, pues no pienso que en la realidad de los hechos tal cosa haya sido así—, el ser humano actuaba como un animal, sin manifestar su diferencia específica, la racionalidad, regido sólo por el egoísmos infinito y los instintos más animalescos, lo que le permitía sobrevivir. 


Dado que el ser humano estaba al nivel de los animales en irracionalidad y violencia, resultaba pues por lo mismo peligroso estar a su alrededor.


Según Hobbes, la naturaleza le ha dado a cada persona, pues en todo ser humano es inmanente el instinto de sobrevivencia, el derecho a todo (Hirschberger, 1972, págs. 108-109). Los seres humanos en ese estado eran, en cuanto a libertad, para él naturalmente iguales (Russell, 1946, pág. 200). Es decir, el ser humano en esta etapa primitiva tenía en cierta medida la libertad de hacer, hasta donde le fuera posible, lo que quisiera; podía —si quería y era capaz— atentar contra cualquier persona, poseer, gozar, y usar todo lo que ambicionara y pudiera obtener. 


Este estado de cosas, a pesar de que les permitía a los hombres y mujeres la libertad de hacer lo que quisieran y pudieran, no resultaba muy deseable; era, para él, una anarquía total y, en ese sentido, peligrosa. El derecho a la violencia era al parecer el único recurso para sobrevivir. El miedo a perder la vida parece haber sido el amo y señor en una atmósfera de esa naturaleza.


Por esa razón, éste estado, debido a la desorganización y a la dictadura del instinto, no parece que fuera bueno para todos: el peligro acechaba como tigre hambriento por doquier. Además, no parece que fuera práctico, pues donde hay miedo en abundancia, a pesar de que se logren grandes empresas, no puede haber felicidad. 


La ilimitada cantidad de derechos, equivalía, según Hobbes, a no tener ninguno. Si alguien era lo suficientemente fuerte, podía conseguir sin mayor dificultad más cosas útiles indispensables para conservar su vida por un periodo más prolongado que los demás, los débiles. Era el más violento el que lograba permanecer por más tiempo en ese valle de lágrimas sobre todo para los más débiles. En este estado de cosas, caótico e indeseable, cada quien era su propio juez. Este estado de tensión permanente y de cero instituciones era una especie de guerra de todos contra todos.


Esta perspectiva sobre el ser humano quizá la haya tomado del pensamiento sofista. El individualismo y la ideología de poder, ideas con las que suscribe Hobbes totalmente, es una característica del pensamiento sofístico (Hirschberger, 1972, pág. 109 párr 1). Según se dice, Hobbes se dedicó ávidamente al estudio de Tucídes, quien era un divulgador de dichas ideas (Hirschberger, 1972). Hobbes fue incapaz de ver más allá de los impulsos naturales del ser humano. Por eso piensa que la única posibilidad es que sean controlados y organizados por una autoridad externa.


(b)   El contrato social

¿Por qué Hobbes es fetichista? por Victor Salmeron


En estas condiciones, como hemos visto, no es posible que las potencialidades de los miembros del grupo puedan ser actualizadas plenamente. Por esa razón, los miembros de esa sociedad primitiva decidieron consensualmente poner fin, por el bien personal y colectivo, a este estado de cosas mediante el contrato social político. Los miembros del grupo, al percatarse que su vida en vez de florecer se iba marchitando por la anarquía imperante, decidieron libremente, en aras de lograr condiciones materiales y formales más viables para la objetivación de la vida subjetiva y objetiva, renunciar a sus derechos naturales; se eligió una asamblea de hombres y mujeres libres de la cual surgió un orden, un derecho, una costumbre y una moralidad (Hirschberger, 1972, pág. 109). A esto es a lo que actualmente se le llama estado. La renuncia a la ilimitada cantidad de derechos, que es una manifestación de plena racionalidad egoistica en último término, es lo que permitió que la paz fuera alcanzada y salvaguardada. De la renuncia a vivir conforme a los dictados más ardientes del instinto, se dio la posibilidad de adquirir más libertad para todos. Sin embargo, para que esto tuviera éxito, sostiene Hobbes, fue preciso que los derechos cedidos no volvieran a ser recuperados nunca jamás.


Hobbes sostuvo que, aunque esto suene exagerado a un espíritu libre y agudo, el estado debe ser absoluto, omnipotente y tener poder para determinar lo que es bueno y lo que es malo por sí mismo (Hirschberger, 1972). Los que forman parte del estado no estarán, como el resto de personas ordinarias, sometidos a nadie de menor rango, el estado debe ser soberano absoluto.


El estado, es a su juicio el único Absoluto. Es la única, y aquí se puede ver meridianamente el fetichismo de Hobbes, fuente del derecho, de la moral y la religión. Él, como es fetichista, cree que una vez que las personas renuncian a sus derechos y crean una asamblea para constituir el orden, las costumbres y la moralidad éste existe, el estado, como una entidad externa que tiene existencia propia; es decir, se des-relaciona al estado con las personas y aparece éste como fundamento de sí mismo, pero en realidad es algo fundado.  Hay que decir esto: el estado de cosas que resulte de esa transformación del poder negativo, el fundamento,  en poder positivo, el poder institucional, del pueblo, es una creación del pueblo y por tanto la creación debe de estar al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio de la creación.


Hobbes sabe que el estado es un cuerpo social artificial. Él lo considera como un “hombre artificial” (Russell, 1946, pág. 198), lo cual es positivo pues reconoce que este es contingente e histórico, pero luego termina diciendo que este debe ser omnipotente y con poder para prescribir autoritariamente todo (Hirschberger, 1972), debe de ser “la única fuente del derecho, la moral y aun de la religión” (Hirschberger, 1972); los integrantes no tienen otra opción más que someterse a la voluntad insaciable de este cuerpo político artificial. Esto, como es evidente es fetichismo. El abanico de instituciones que componen un estado son, como sabemos, creaciones para simplificar la vida del ser humano, por lo tanto es indigno postrarse ante ellas y olvidar su carácter relativo. Así que, aun siendo consciente de que el estado es de carácter histórico y contingente, decide después de que este surge al plano positivo absolutizarlo; esto es un evidente fetichismo. Pero tratemos de analizar críticamente más en detalle el fetichismo de aquel. 

 

 Fetichismo teórico en Hobbes

 

a)      Materialista


Desde muy joven Hobbes mostró fuertes señales de ser un materialista. De hecho, en el comienzo del Leviatán, declara explícitamente su partidismo materialista (Russell, 1946, pág. 198).  Para Hobbes, “la filosofía solo se ocupa de las propiedades de los cuerpos y de su origen, no hay filosofía donde estos datos tocantes a los cuerpos estén ausentes” (Hirschberg, 1972, pág. 105).  Las categorías fundamentales de su sistema son: “lugar y tiempo, cuerpo y accidentes, causa y efecto, posibilidad y realidad, igualdad y diversidad, cantidad, proporción, recta y curva, ángulo y figura (Hirschberg, 1972, pág. 106). Es pues evidente que todo aquello concerniente al terreno teológico, lo trascendente y toda otra cuestión que exceda la extensión o que sea de carácter dudoso y oscuro no tienen derecho de ciudadanía en su sistema. La materia como sabemos es compleja y simple, de la simple sabemos mucho, de la compleja sabemos algo, pero porque se sabe mucho de la materia simple, no se puede concluir que aquello basta para decir que sabemos de igual manera de la compleja. Esta cuestión no la clarificó Hobbes. Parece que no fue capaz de trascender la materia simple. La materia compleja, de la que está formado el ser humano y muchos otros organismos, es infinitamente más compleja que un enorme cuerpo compuesto de macromoléculas. Una célula es mucho más compleja que júpiter. Así que Hobbes, aunque muchos no compartan este criterio, fetichiza la materia simple y presta poca atención a la compleja.


b)     Nominalista


Por otro lado, Hobbes, fue un nominalista público. Para Hobbes como nominalista que era, “no hay nada universal, excepto nombres, y sin palabras no podríamos concebir las ideas generales. Sin lenguaje, no habría verdad ni falsedad, pues verdadero y falso son atributos del lenguaje” (Russell, 1946, pág. 198).  Es claro que “los nombres son para Hobbes sólo recursos mnemotécnicos, las usamos para recordar o traer a la mente una experiencia pasada” (Vargas, 2004 ). Con esta postura se desmarca de toda visión metafísica y esencialista. Lo único que existe son fenómenos, representaciones sensibles, lo que son en realidad no se sabe. Lo que conocemos no es el fenómeno o la esencia de éste, sino únicamente su nombre. La importancia de dicho nombres obedece en último término a cuestiones de orden práctico. Como se puede advertir, esta postura, enemiga declarada de la metafísica, contribuyó en el desarrollo del psicologismo y escepticismo en pensadores como Hume y el mismo Kant.

 

 

a)     Lógico


El fetichismo teórico de Hobbes se presenta asimismo en el terreno práctico. En el campo de la política, como sabemos, toma como punto de partida de la política el individuo y olvida a la comunidad. Hobbes no es capaz de ver más allá de los individuos “ve nada más partes y sumas, agregados causales, nunca totalidades formadas” (Hirschberg, 1972). Esa idea de totalidad, que Hobbes abandona por no tener suficiente base empírica, desaparece en muchos filósofos de la modernidad. Al hacer eso, elevar el individuo, desaparece el concepto de comunidad, se totaliza el individuo y, por lo mismo, cae en fetichismo. Hobbes considera que Dios crea individuos no naciones, es curioso que él se declare creyente, eso parece una inconsistencia con su sistema, en todo caso tuvo que haber sido una creencia panteísta. El ser humano es comunitario y no es, como sostiene Hobbes, totalmente egoísta y malvado, si ha sido capaz de sobrevivir como especie durante todos estos siglos es porque ha sido capaz de mostrar, aunque sea en el grado más ínfimo, misericordia, tolerancia, justicia y amor; si ese no fuera el caso, hace mucho que el ser humano hubiese desaparecido de la faz de la tierra. 

 

b)     Ontológico


Para Hobbes después de que se ha superado la anarquía total gracias al poder que ejerce el soberano elegido, hay un estado. Este estado, que es un dios mortal (Russell, 1946, pág. 201), cuyo cuerpo está formado por todos los individuos y la cabeza de éste es el rey quien tiene poder ilimitado, todo ello forma una totalidad. Dentro de esa totalidad debe haber identidad, —A es igual a A—, la diferencia no puede ser tolerada. Sin embargo, como sostiene Dussel, para que exista una totalidad necesariamente tiene que haber una exterioridad. Y ésta es negada, pues no forma parte de la totalidad. Pero aquí cae Hobbes otra vez en fetichismo, pues la totalidad es la apariencia, es lo fenoménico; el ser de la totalidad, en realidad, es el no ser de la exterioridad. La cual es subsumida por la totalidad y queda determinada como una determinación más de la totalidad. Pero esta exterioridad no es nunca subsumida totalmente, su no ser es sólo aparente, pues sin ella queda sin actualización el falso ser el ser de la totalidad, pues la exterioridad puede existir sin la totalidad, pero no ésta sin aquella. Así que de esto se sigue que su fetichismo está plenamente presente en el plano ontológico.

 

c)      Ideológico

 

¿Por qué Hobbes es fetichista? por Victor Salmeron

Finalmente, Hobbes al otorgarle poder ilimitado al soberano invierte el sentido propio de una institución. Sostener que el ser humano debe estar al servicio de una institución es falsear la existencia contingente de una cosa o institución creada con fines meramente sanos y conferirle un estatus divino. 


Las instituciones, de la naturaleza que sean, responden a necesidades históricas y deben ser vistas como simples medios para alcanzar fines específicos, en último término están en caminadas: a afirmar, facilitar e incrementar la vida humana; presentarlas como absolutas y des-relacionarlas del operar humano es fetichismo. Aquellas no son naturales y por lo tanto pueden ser, si es requerido hacerlo, modificadas. 


Naturalizarlas, desconectarlas de la realidad concreta, es un acto de fetichismo. Ante ellas los seres humanos no pueden arrodillarse, pues son creaciones, son cuerpos históricos, no cuerpos naturales surgidos de la nada. Es verdad que Hobbes reconoce el carácter histórico de la supuesta reunión de mujeres y hombres la cual tenía un fin bien específico: lograr elegir a un soberano que pusiera fin a la guerra de todos contra todos. 


Este soberano alcanzaría la armonía social. Sin embargo, él sostuvo que los individuos deben someterse al soberano, quien debe de tener poder ilimitado, pero este soberano o cuerpo social, es una institución, creación del ser humano, y por lo tanto los hombres y mujeres no deben postrase ante ninguna institución.  


El sujeto histórico que nos presentó nuestro filósofo, al final, sin saber cómo esto ocurrió, devino divino, es decir natural y con existencia propia.

 

 

 

Bibliografía

 

Hirschberg, J. (1972). Historia De La Filosofia (Tomo II) . Barcelona: Herder.


Hirschberger, J. (1972). Historia De La Filosofia (Tomo II). Barcelona: Herder.


Russell, B. (1946). Historia de la filosofía occidental . Argentina: Espasa-Calpe Argentina.


Vargas, J. A. (2004 ). Límite. Retrieved from EL PROBLEMA DEL NOMINALISMO EL LENGUAJE EN HOBBES: https://www.redalyc.org/pdf/836/83601105.pdf

 

 

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