sábado, 18 de abril de 2020

Nayib Bukele: ¿una ilusión o una decepción más del pueblo salvadoreño?

Ex guerrillero: te voy a respetar haciéndote ver tu error by Víctor Salmerón on noviembre 15, 2020 in Bukele, política, Troles
Imagen de Alex Yomare en Pixabay 


Caricaturas 


Estoy harto, lo confieso, de encontrarme con tantas caricaturas sobre temas que ameritan, a mi juicio, ser tratados con más delicadeza y raciocinio. Una caricatura ni siquiera se aproxima a la realidad, así que pienso que los que disienten o los que defienden al actual presidente deberían de poner un poco más de rigor en sus análisis políticos; en este caso se busca, desde una perspectiva filosófica que es una disciplina y una ciencia humana no como la ciencia empírica obviamente, que es un modo de conocer la realidad no el único, aportar algunas ideas para el debate político. El país está en un momento de crisis, de enorme densidad política y de una lucha ideológica; es preciso, pues, observar este escenario con detenida atención; además, el Covid19 se suma como un ente inesperado a esta crisis. En este lacónico ensayo, de manera un poco general, reflexionaré sobre algunos aspectos del FMLN, ARENA y Nayib Bukele.

 

Acción o reacción 


Una cosa debo de aclarar antes que todo: lo que los políticos opositores no se han percatado es que están reaccionado y no actuando. El presidente está jugando, conoce las reglas de su juego. Lo que debe hacer la oposición, si hubiera, es dejar de prestar atención a Bukele y comenzar a crear un proyecto político, real, que sí beneficie a la comunidad política. Si no se ponen a reflexionar seriamente sobre lo que están haciendo en el escenario político como oposición, terminarán, en cada contienda política que sostengan con Bukele, derrotados, pues él está jugando políticamente. La reacción, les aseguro, no los sacará del atolladero en el que están pues la reacción es emocional, pero la acción es racional y cerebral.


 Superación de la subjetividad burguesa 


Si antes de iniciar una revolución los integrantes de un movimiento revolucionario no superan la subjetividad burguesa, entonces, cuando estén en el lugar de los burgueses, seguirán la misma lógica de aquellos. Esto no es chasco, cualquier revolución que no tome en cuenta el aspecto subjetivo, caerá por su propio peso. Si la motivación de un revolucionario es transcender su clase para convertirse en un peón más de la totalidad vigente, es mejor que ni hubiera nacido. Muchos de los que integraron el movimiento revolucionario del FMLN —que ahora algunos de ellos operan dentro del campo político del mundo salvadoreño, como ha quedado evidenciado en todas las ocasiones en que han tenido la oportunidad de intervenir como poder fuera de sí, potestas— no superaron la subjetividad burguesa; no ganaron la Guerra Civil, es cierto, pero sí ganaron otro privilegio, el de convertirse oficialmente en un partido político en 1992. Pero esa victoria, pírrica, a pesar de todos los frutos que rindió, no sirvió de mucho, ellos, en potencia, como muchos de los que hoy reaccionan en contra de los políticos, eran unos auténticos burgueses, el poder político y económico sólo actualizó la semilla que los burgueses habían sembrado ya en la cabeza y el corazón de aquellos.

 

Por lo tanto, como no superaron la subjetividad burguesa y lograron consolidarse como una fuerza política partidaria, cuando tuvieron la posibilidad de llegar al poder político fetichizaron aquel y siguieron la misma lógica de los burgueses; éstos, como se sabe, son amigos del valor que se valoriza y enemigos del creador del valor que se valoriza. Entonces, los del FMLN no representan al pueblo y a la clase obrera, que es un momento de aquel, que dicen representar y a la que usaron como medio para subirse al escenario político, sino a la clase burguesa y oligárquica. El poder político así como el económico serán beneficiosos sólo si son utilizados como medios para sacar de la miseria a la clase obrera y para crear y generar desarrollo en la vida de la comunidad política. De lo contrario se puede volver un arma de indecible peligrosidad que no sólo destruirá seres humanos sino que también destruirá el espacio vital donde la potentia, la comunidad política y sede absoluta del poder en sí, no fuera de sí, despliega y desplegará todas sus potencialidades.

 

El fmln: ¿el partido del pueblo?


Todo burgués, siendo consecuente con los principios que representa la clase a la que pertenece, beneficia a la clase dominante. Esto es inevitable. El FMLN no benefició al pueblo. El bloque social de los oprimidos en El Salvador —por su condición de pobres no por naturaleza sino por causas históricas— o sea el pueblo salvadoreño no podrá ser liberado de esa condición por un espíritu burgués, pues sus intereses son antagónicos. Para que la clase dominante se mantenga como la totalidad vigente, es requerida la negación del pueblo. El FMLN para mantenerse en poder traicionó sus ideales y se prestó como un instrumento más para alimentar, conservar y promover el estado vigente, en el cual el pueblo no tiene un papel determinante. Por la forma como ha operado políticamente, se puede determinar que el frente es burgués y no es más, ni será, el partido del pueblo.

 

Hacer lo que hizo ARENA, a saber, afirmar y mantener el estado vigente, no es suficiente. El FMLN actuó políticamente de manera análoga con el partido de derecha. Su proceder fue ordinario y para nada sorprendente, es más se desconectó de la potentia, sin saber que ésta es el poder en sí, es la sede del poder político. Pero cuando un político se deja seducir por el poder cree que el poder reside en él y en la institución en la que opera como funcionario; se corrompe, se vuelve fetichista.  La corrupción comienza cuando se elige el poder y sus determinaciones fenoménicas u objetivas y se olvida la fuente del poder o sea el pueblo.  Con base a lo dicho se puede concluir que el FMLN no hizo lo suficiente; ni lo mínimo para luchar y defender las causas del pueblo, a saber, el bloque social de los oprimidos.  

 

Nayib Bukele es un burgués 


Ningún burgués, porque los intereses que representa son antagónicos con los de la comunidad política, puede ser el presidente del pueblo. Nayib, como se puede evidenciar al mirar su biografía, es un burgués. El contacto que ha tenido con sus seguidores es, ellos los saben, absolutamente superficial. Si no es capaz de relacionarse, por su soberbia y arrogancia, con la potestas, el poder fuera de sí    determinado como poder político institucional, es, sin duda, mucho más difícil que se relacione con el poder como potentia, el poder en sí indeterminado, a este último sólo lo utiliza como un medio para conseguir un fin político personalista, olvidando que la potentia es al poder en sí, y cuando éste, el pueblo, advierta su error, que ojalá no sea demasiado tarde, su carrera política y reputación se habrán disipado en la mera indeterminación. Como dije, Nayib no puede ser, aunque sus seguidores lo proclamen así, el presidente del pueblo.


 Manipulador 


Si un pueblo, como es el caso de El Salvador, vive con sed de venganza, entonces es más fácil manipularlo. El pueblo salvadoreño, porque desconoce qué él es el poder en sí, vive con sed de venganza. Los políticos, por su divorcio con las causas de los más desafortunados, son odiados por una inmensa cantidad de personas. Ahora bien, un conjunto de personas que son presa de una emoción tan negativa como el odio, pueden ser fácilmente manipuladas, como lo está haciendo el presidente Bukele. Él, o sus asesores, está (o están) leyendo muy bien la coyuntura política. Esa es, y no otra, la razón por lo que las reacciones de ARENA Y el FMLN no parecen afectar en absoluto al presidente, es más, lo fortalecen.


 Enemigo del pueblo

 

Todo el que es amigo de los de arriba, aunque diga que representa las causas más nobles, no puede ser amigo de los de abajo. La razón es simple: los de arriba, es decir, los ricos, existen porque los pobres existen, y si alguien quiere compaginar con los dos, amará a uno más que al otro, y al que ame menos saldrá, como es natural, terriblemente afectado. El FMLN como partido político es, por lo que hizo desde el órgano ejecutivo y por lo que hace hoy desde el órgano legislativo, amigo de los de arriba, no se arriesga, cómo sí lo haría un verdadero partido político revolucionario; quien ama más al pobre que al dinero no puede ser amigo de los de arriba, el frente quiso mantener armonía entre la tesis y la antítesis, pero eso, como lo muestra la historia, no es posible. Luego, al observar la manera de proceder del frente se determina que no puede ser amigo del pueblo, pues se decidió, al elegir el capital, por los de arriba y no por los de abajo.


 Oportunista y traidor 


Todo oportunista, por su endeble código ético, es un traidor. Lo demostró con el FMLN; seguramente porque en esa institución política no logró ser el centro atención, algo que por lo visto lo enferma, se desligó y comenzó a crear un discurso con tono popular pero que a medida que pasó el tiempo se tornó más conservador.  Bukele —y pienso que en esto, el que es objetivo a la hora de emitir un juicio, tendrá que asentir conmigo— es un oportunista. Su oportunismo es increíble, politiza cualquier acto por banal que sea para aumentar el rating; ser el centro, la estrella, es algo que le complace. Bukele, por su accionar político en el pasado y por su doble narrativa, es un traidor. Ha traicionado las instituciones en las que ha militado, ha traicionado sus principios políticos, pues si fuera sincero apoyaría al pueblo que lo llevo al poder, pero en este momento reprime, manipula y engaña a sus seguidores con el único telos: el de ser el líder político perfecto. Pero con su proceder es cuestión de tiempo para que el pueblo reconozca su error, el de haber elegido como presidente a un ególatra colosal.

 

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