lunes, 21 de diciembre de 2020

¿Por qué la Iglesia Católica se opone a la ley de la eutanasia?

                 

Imagen de Dieter_G en Pixabay

📌 En este artículo se analizará lo siguiente:


El concepto de muerte desde el punto de vista de la religión cristiana es inadecuado porque, sin tener razones suficientemente objetivas para determinarlo así, supone o conjetura que la muerte es una especie de pasaje del plano sensitivo al plano suprasensible o el transcendente, el metafísico. 


No es, pues, el final de la conciencia, es la genuina génesis de su verdadero progreso. Para el pensamiento religioso, que sin haber logrado mediante el método científico probar la existencia del alma y de Dios, se considera el paso necesario para transcender el plano sensitivo y entrar en el suprasensible, esto es en fin algo beneficioso. 


Por eso lo que menos importa es el modo o la manera en que se muere, lo capital estriba realmente en ingresar a esa realidad cuya existencia se limita solamente a la ideología cristiana.

 

 Los ateos, agnósticos y no creyentes en general saben o están persuadidos que una vez que el sujeto muere, es el fin. No hay un dios o diablo esperando listo para exaltar o maldecir su operar; la salvación y la condenación son cosas pueriles y exasperas de ser albergadas en la consciencia de un hombre inteligente.


 La muerte es, por difícil que parezca al religioso, el límite de límites de un ciclo subjetivo. Es, por doloroso que sea para los cristianos, el final de la conciencia; aceptar la muerte es una cosa para personas adultas, ojalá los cristianos algún día puedan llegar a alcanzar la suficiente madurez para hacerlo. 


Muchos cristianos, que creen en la otra vida, en general, no les afecta o no tienen miedo de morir de manera indigna. Aquellos de nosotros que, a pesar de todas sus deficiencias, no hemos renunciado a la razón, sostenemos que así como se tiene el derecho a vivir una vida digna en todas sus dimensiones, también es un derecho tener acceso, si es necesario, a una muerte digna.

 

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La ley de la eutanasia representa un gran logro para la civilización y otro golpe, de los muchos que ha recibido, a la añeja Iglesia católica. Este ejemplo de dignidad y de inconmensurable amor a la vida que España ha mostrado con esta ley debería motivar a otros países de habla hispana a emular esta gran hazaña en beneficio evidentemente de la vida y la dignidad humanas.


 En lugar de avergonzarse de todos los innumerables errores cometidos en el pasado, la Iglesia Católica, fetichista en el más alto grado, persiste tozudamente, a pesar de ser una institución enemiga del cambio, en querer imponer su opinión irrelevante y desfasada sobre temas tan sensibles como el aborto y la eutanasia; sin pudor alguno interviene y la expresa ferozmente sobre éstos y otros temas incómodos. 


Pero, francamente, ¿deberíamos escuchar a una organización tan alejada de la virtud y, a veces, incluso criminal? Creo que su postura no científica, anticuada y dogmática ha traído suficiente miseria interna y externa en el mundo, pero a pesar de que es claramente una institución hostil al progreso humano, ha capturado en sus sucias redes a muchas mentes gofas que aún siguen suscribiendo con sus mentiras meridianas. 


La Iglesia Católica, como señalé en otro artículo relativamente reciente, nunca ha respaldado las grandes acciones dirigidas a traer algo de felicidad al género humano, y su oposición infantil, y totalmente necia, a esta ley lo demuestra.

 

Los argumentos en contra de la eutanasia desde el suelo cristiano, especialmente desde el católico, son muy numerosos, pero es obvio que no son lo suficientemente sólidos como para convencer a una persona de inteligencia normal y libre de los prejuicios inherentes a todo dogmático. 


Pero, por supuesto, siempre hay mentes débiles que son incapaces de ver más allá de sus dogmas infundados y, producto de la manipulación religiosa, deciden creerlos. 


Por lo tanto, debe quedar claro que la posición de la Iglesia Católica sobre este tema aquí discutido es completamente incorrecta. La eutanasia es distinto a lo que sostiene esta institución religiosa. Intentemos, pues, justificar nuestra humilde afirmación.

 

 La condición de dignidad del ser humano

 

Los jerarcas católicos ultraconservadores generalmente aseveran que el uso de la eutanasia es un ataque sistemático y directo al carácter sagrado y digno del hombre. Es obvio que la vida humana en todas sus etapas es digna y debe ser respetada, sobre ello existe un acuerdo general. 


No importa cuánto lo intente, no puedo encontrar una razón lo suficientemente fuerte y potente para apoyar la posición católica sobre el tema en mención. Según esta posición conservadora, nadie puede ser aniquilado, no importa cuán grande sea su sufrimiento, porque contradice el plan perfecto que Dios en su gran misericordia había destinado desde antes de la creación para ese hombre en particular.


 Soy honesto, no veo ninguna obra maestra en permitir que uno de sus hijos sufra inexpresablemente una enfermedad crónica de las que muerde día y noche. Solo alguien con una maldad indescriptible podría dar un visto bueno a tal idea. Además, este argumento lo refutó Darwin, pero aparentemente a la Iglesia Católica y a sus seguidores seculares y profesionales, los teólogos, les encanta recibir maltratos intelectuales. 


La inhumanidad y la falta de empatía son las piedras angulares del catolicismo y del mundo cristiano en general. Así que no sorprende en absoluto su injustificada resistencia a una ley inspirada en la benevolencia, la empatía y la piedad. En lugar de minimizar, como lo quieren hacer creer a las masas católicas, esta ley aumenta la dignidad humana. 

 

Ningún ser humano puede terminar con su vida

 

Otro argumento esgrimido por los cristianos católicos es que no debe interrumpirse ningún proceso normal de vida humana. 


En mi opinión, se considera persona a aquella que vive bajo un marco legal y respetando ciertos principios, acuerdos y normas que rigen una determinada sociedad. ¿Se puede considerar completamente humano a un hombre que viola a una niña de un año o, llevando la imagen al extremo, de seis meses? ¿Es una persona, un hombre, alguien que mata a su esposa, y que después de desmembrarla y tirarla a la basura, para evitar la justicia, huye como un vulgar medroso de su país? ¿No merece ser interrumpida la vida de un individuo de una maldad semejante? 


Creo que su naturaleza se asemeja más a la de un animal que a la de un ser humano plenamente racional, por lo que, por el bien de la totalidad, será bastante razonable terminar con tal sabandija. Y no es posible apelar a la justicia divina, porque en tal caso basta con recitar una fórmula mágica para perdonar e higienizar la culpa de alguien por negra que sea. 


La vida es sagrada 

 

La jerarquía católica sostiene dogmáticamente que la vida es sagrada de principio a fin. Aparentemente, lo anterior no aplica en el caso de Dios, pues si de hecho las leyendas y fábulas del Antiguo Testamento fueran ciertas es claro que Dios estaría en serios aprietos, pues no fue muy clemente que se diga con los contemporáneos de Noé, paganos en un grado suficiente para recibir el castigo divino. 


Para Dios, la vida de los egipcios y los cananeos no era santa de principio a fin. En cualquier caso, sabemos que estos relatos no van más allá de lo puramente fantástico, pero ¿por qué la Iglesia católica insiste tanto en la importancia del comienzo y el final de la vida humana? ¿Podría ser porque es en estas etapas de la existencia donde el individuo es más vulnerable? Y eso la beneficia, pues en tales condiciones es más fácil manipular a una persona.

 

 

sufrimiento y transcendencia

 

La Iglesia Católica cree que todo padecimiento por horroroso que sea tiene un sentido estricto y que la eutanasia y la muerte asistida lo destruyen. Surge la pregunta si una persona con un padecimiento de naturaleza terminal piensa en términos análogos. 


Esta macabra institución ha invitado a sus feligreses durante siglos a abrazar el más inexpresable sufrimiento, a preferirlo a cualquier otra cosa. De hecho, muchos santos, cuando tenían ciertos recuerdos naturales de la fornicación practicada antes de aceptar a Cristo, se abalanzaban sobre los cardos para subyugar los dulces recuerdos de aquella. 


Un ejemplo coetáneo de lo que estoy diciendo es el celibato, que es un sufrimiento para los sacerdotes heterosexuales, los cuales hoy día son muy escasos en los seminarios católicos. No es de extrañar que esta institución empuje a sus fieles a sufrir, es una organización que tiene como base los peores defectos y pasiones que dominan en el ser humano débil. 

 

La Iglesia y la vida 


Se sabe que una de las principales motivos por lo que la Iglesia Católica se opone a la eutanasia es que es una institución pro-vida. Esto es completamente falso. La Iglesia Católica es una de las instituciones sin duda más criminales que ha existido en la historia. Durante siglos ha impuesto sus dogmas de una manera no evangélica. 


Las cien mil brujas en Alemania que, entre 1450 y 1550, fueron incineradas, no creo que hayan pensado lo mismo al momento de ser ejecutadas por los lacayos del Papa. Se sabe que quince mil judíos que fueron violentamente asesinados y dos mil carbonizados por una turba fanática católica; al parecer sus vidas no fueron reconocidas como sagradas de principio a fin.

 

 

La bondad

 

La idea de bondad de la Iglesia Católica no es la más atractiva y saludable, porque su fundamento está en la Biblia, un texto lleno de todo tipo de crueldades. Para la iglesia, solo hay dos formas de vivir humanamente: como buena persona o como mala persona. Los santos —que casi nunca los conozco en vivo sólo en los libros de historia de los santos— se salvarán y los malos serán, debido a su vida pecaminosa, condenados. 


Es una visión completamente hermética como sus dogmas. Al prender fuego a los herejes, les estaban haciendo un bien tremendo. Además, debían ser los condenados a sufrir tales torturas indecibles los agradecidos por la gran bondad de la santa madre iglesia. 


La opinión de la Iglesia Católica

 

La Iglesia Católica es una institución que durante siglos ha ocasionado todo tipo de daños físicos y psicológicos a sus fieles y no creyentes. No es de sorprenderse que en la actualidad incite a las masas a sufrir el mayor sufrimiento sin causa, con el único propósito de no ser refutada por las innegables conquistas de la razón. 


Es una institución que se basa en la mentira, la superstición y el odio. Y es por eso que ve como algo beneficioso el sufrimiento humano.

 

Quizás la causa real por la que la Iglesia se opone al aborto, la eutanasia o cualquier otra propuesta a favor de la vida humana no se deba a la supuesta defensa de la vida sino al miedo cobarde de que sus dogmas se relativicen cada día más. 


Así como en un tiempo no tan lejano de la historia lucharon para impedir los anestésicos y vacunas, hoy continúan luchando para frenar las propuestas encaminadas a aumentar la dignidad y felicidad de los hombres y mujeres. 


No hay ninguna razón histórica o científica para escuchar los prejuicios ordinarios que emite la Iglesia Católica. Además, no debería formar parte de este debate, ya que sus categorías no son científicas sino teológicas, por lo que no merece la pena esforzarse para refutarlas.

 

La Iglesia católica, aunque el movimiento por la vida lo diga así, nunca ha estado a favor de la vida humana, si ese fuera el caso, no invitaría a su feligresía a soportar sufrimientos innecesarios. 


A una institución que se ha prestado en innumerables ocasiones para aumentar la miseria objetiva y subjetiva en el mundo, parece una tontería prestarle atención. Su ideología, no la vida, es la que se ve amenazada. 


Si quieren ayudar señores católicos, empiecen por estar de acuerdo en que el derecho a una muerte digna es algo a lo que todo ser humano debería tener acceso. 


Es hora de que las faldas de la Iglesia Católica dejen de inmiscuirse en el debate público, su opinión se ha fosilizado y ya no debe tomarse en serio, quizá sí pero para reírse un poco con sus divertidas ingeniosidades.

 

Es evidente que bajo los criterios religiosos cristianos y de los de la dinosauria derecha sería imposible lograr conquistas sociales reales en favor de las mayorías: bajo una cosmovisión de dicha naturaleza, por ejemplo, el divorcio, el aborto, los matrimonios igualitarios y, sobre todo, la eutanasia, la última gran conquista, serían meras utopías y más allá del panorama posible, ya que su morboso amor por el principio de identidad les impide ir más allá de sus prejuicios infundados.


 Si cediéramos algún terreno a esta visión conservadora del mundo, sin duda, el fósil pensamiento derechista -que es la manifestación sociológica positiva o fenomenológica  de la religión cristiana- no dudaría en revertir todos estos avances; si sus líderes políticos pudieran hacerlo, nos conducirían a las cuevas, a la brutalidad misma.

 


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