Sobre mí

El contenido principal de Irrupción Filosófica es de carácter filosófico, es verdad. Sin embargo, los acalorados debates políticos y otros temas de cultura saldrán a relucir de vez en cuando.


Hola a todos. Decidí, siguiendo las demandadas más profundas de mi espíritu, crear este espacio de opinión porque me gusta escribir y expresar, de manera clara y vehemente, mis ideas filosóficas y políticas.


Me gusta el debate. Especialmente cuando es desarrollado bajo la norma del respeto, algo tan elemental, pero en peligro de extinción. El contenido principal de este espacio es de carácter filosófico, es verdad. Sin embargo, los acalorados debates políticos y otros temas de cultura saldrán a relucir de vez en cuando.


4 comentarios:

  1. Un comentario sobre la relevancia de la lectura de Marx. Considero que él no hace "economía", sino una crítica a la economía política, sobre una perspectiva absolutamente SOCIOLÓGICA basado en el materialismo histórico. "No es la conciencia lo que determina al ser social, es el ser social lo que determina la conciencia". Y el ser social, se construye a partir de las relaciones sociales. En el ámbito de la reproducción de la sociedad, es a partir de las relaciones sociales de producción. Apunte de un sociólogo Arnulfo Arteaga García

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    1. Coincido plenamente con el apunte. Marx no puede leerse como un economista en el sentido clásico, sino como un crítico radical de la economía política, cuya obra está atravesada de principio a fin por una perspectiva sociológica e histórica. Su interés no reside en describir mecanismos económicos aislados, sino en desentrañar las relaciones sociales que hacen posible y reproducen un determinado modo de producción.

      La célebre afirmación de que “no es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social el que determina la conciencia” sintetiza con precisión el núcleo del materialismo histórico: la conciencia, las ideas y las formas culturales no flotan en el vacío, sino que emergen de condiciones materiales concretas y de relaciones sociales históricamente determinadas.

      En ese sentido el “ser social” no es una abstracción, sino el resultado de un entramado de relaciones sociales, y en el ámbito de la reproducción de la sociedad, dichas relaciones se articulan fundamentalmente en torno a las relaciones sociales de producción. Por eso la crítica marxiana no se agota en la economía; esta alcanza a la moral, el derecho, la política y la ideología, y nos revela cómo todas ellas están ancladas en una estructura material previa.

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  2. Con respecto a tu artículo "Religión y Mentira", no puedo eejar de notar cierta rabia y molestia con respecto al tema de la Religión al utilizar terminos como "adultez" y "cobardía" donde demerita el prigen de la experiencia religiosa como expresión existencial del Ser Humano.
    Yo, desde mi supina ignorancia, te recomendaría leer acerca del Ser Humano como realidad multi-dimensional y descubrir que la Trascendencia hace parte de esa realidad.
    La Trascendencia es una dimensión que le complementa, así como su dimensión Física y su Dimensión Racional.

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    1. Agradezco la lectura atenta y el comentario. No niego que en el texto haya una carga crítica —incluso incómoda— hacia ciertas formas de religiosidad, pero esa crítica no apunta a descalificar la experiencia religiosa en sí, entendida como vivencia existencial o búsqueda de sentido, sino a cuestionar sus derivas ideológicas, cuando la religión deja de ser interrogación y se convierte en refugio dogmático o en coartada moral.

      El uso de términos como “adultez” o “cobardía” no pretende reducir la complejidad del fenómeno religioso ni negar su profundidad histórica, simbólica o subjetiva, sino señalar una actitud humana recurrente: la tentación de delegar en una instancia trascendente aquello que resulta insoportable asumir en el plano de la responsabilidad, la finitud o la incertidumbre.

      Comparto la idea de que el ser humano es una realidad multidimensional. Precisamente por eso considero que la dimensión de la trascendencia no queda exenta de crítica. Reconocer su existencia no implica sacralizar todas sus expresiones ni suspender el pensamiento. La trascendencia, como la razón o el cuerpo, puede ser vivida de formas emancipadoras o de formas que clausuran la pregunta y anestesian el conflicto.

      Mi crítica no va dirigida al hecho de que el ser humano busque sentido más allá de sí mismo, sino a cuando esa búsqueda se cristaliza en certezas cerradas que reemplazan la duda por consuelo y la responsabilidad por obediencia. En ese punto la religión deja de ser experiencia y se vuelve estructura de poder, discurso tranquilizador o negación del conflicto humano.

      Pensar la trascendencia no exige renunciar a la crítica; al contrario, exige llevarla hasta sus últimas consecuencias.

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chintoliano@gmail.com

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